Imaginación y comprobación

Las fiestas de navidad que acaban de terminar tienen en España un colofón que son los reyes magos que traen regalos a los niños. Habitualmente los niños creen que los reyes magos existen hasta una edad bastante avanzada, superior a los 10 años de edad. En el caso de mi hija Noor pensaba que ese tiempo se había acabado a los 5 años porque en unas clases extraescolares que recibe alguien le dijo que los reyes magos no existían. Noor me lo dijo enseguida muy convencida de esa no existencia.

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Sin embargo 2 días antes de los reyes volvió a creer en ellos y me lo confió enseguida, muy ilusionada de que le podían traer regalos. No percibo nada interesado sino una creencia real, igual que cree en el ratón Pérez que trae regalos cuando se cae un diente o en Santa Klaus.

Para los niños hasta esta edad la imaginación es lo natural, su principal forma de conocimiento. Es la época del predominio y desarrollo de la imaginación y su conocimiento empieza desde ella. Eso les permite adaptarse con naturalidad a una situación que cambia para cada generación. Por ejemplo para Noor es natural que la luz del pasillo se encienda cuando entra en el pasillo. Para mí eso hubiera sido un hecho increíble y hace doscientos años sencillamente impensable o magia negra. El que el ser humano comience a conocer en un mundo de la imaginación y la fantasía permite que tenga todas las posibilidades abiertas y de este modo permite la adaptación a un mundo cambiante que cada generación percibe como lo natural, aunque no hubiese sido nada natural en otras épocas.

Al llegar aproximadamente los 5 años comienza la edad de la comprobación. A partir de este momento conviven imaginación y comprobación. Cada hecho se comprueba para ver cómo funciona y se ajusta a las explicaciones sobre cómo funcionan las cosas que se reciben de los adultos. Estamos en la edad de la experimentación, que será más o menos exhaustiva o rigurosa dependiendo de la educación y el ambiente cultural en que vive el niño.

La educación se ha montado desde su nacimiento, pero mucho más desde el siglo XIX, sobre la etapa de la comprobación y está plenamente orientada a esa faceta del ser humano. Se comienza por dar las herramientas básicas que permiten acceder y cuantificar: letras y números, o si se prefiere de modo sencillo, lectoescritura y matemáticas. Sobre esos 2 ejes se monta toda la educación.

La comprobación desarrolla fundamentalmente la parte racional, que tiene como herramienta central la reflexión. Todas cualidades básicas del ser humano. La imaginación precisa el desarrollo además de la fantasía, la creatividad, el interés, la curiosidad, la iniciativa, etc. también todas cualidades básicas del ser humano.

Sin embargo la educación formal se olvida completamente de la imaginación. Actualmente se inicia una aún tímida apertura a este campo de la imaginación pero carece casi enteramente de las herramientas para ello. Los docentes no son preparados para desarrollar la imaginación y si lo son exhaustivamente para desarrollar la comprobación.

Podría decir, hablando de un modo muy general, que a lo largo de varios siglos, la educación se ha desarrollado al mismo tiempo que se ha desarrollado la ciencia y ha ido incorporando las formas de esta y llenando las necesidades que la revolución industrial iba despertando. Eso ha tenido muchas ventajas, pero también una carencia fundamental: la parte instintivo-emocional del ser humano ha ido quedando relegada. Esto ha provocado una gran carencia que se traduce en la ausencia de atención a la imaginación, a la fantasía, a la curiosidad, a la iniciativa… todas capacidades necesarias para el desarrollo del ser humano.

Mi tesis es que ambas patas de la educación, imaginación y comprobación, son necesarias. Esto implica que es necesario desarrollar en la Educación a todos los niveles la parte de la imaginación. Esta es la función de la Educación Emocional y por ello las habilidades correspondientes deben ser parte del bagaje del cualquier docente.

Llenar lo que voy a llamar el agujero de la imaginación es la tarea más importante a la que se enfrenta la educación hoy. Se trata de algo mucho más profundo que otras tareas que se presentan como urgentes, como por ejemplo la adaptación a las TIC o al mercado actual de trabajo. La adaptación a las TIC es un problema del sistema y de los docentes, pero no de los niños, porque estos, como ya he dicho nacen en esa cultura y su imaginación les permite adaptarse naturalmente. Haciendo sencillamente al sistema más permeable a los alumnos podría ser resuelto ese problema. Esto de nuevo subraya la importancia de esa incorporación de la imaginación al sistema educativo.

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