El estrés la epidemia laboral del futuro. Evita tu contagio.

Kenia Navarro. Psicóloga clínica y coach emocional formada en  ISIE. http://www.alighthouse.es/

La crisis económica ha generado situaciones de ansiedad y estrés, que lejos de ser momentáneas, se están perpetuando en el tiempo: inestabilidad laboral, falta de recursos económicos suficientes, cambios en las organizaciones, etc. No sólo estamos viviendo una crisis económica, sino también una crisis emocional.

Estrés laboral

Como señala el profesor Antonio Esquivias “El proceso del estrés tiene mucho que ver con las emociones, en realidad es la respuesta de nuestro sistema emocional a una situación de carga percibida como constante y de la que persona no puede librarse”.

El estrés es protagonista, cada vez con más frecuencia, en investigaciones y artículos de prensa económica y sanitaria, desde donde nos advierten de que se trata de una nueva epidemia del futuro, generada por nuestras condiciones de vida. El estrés laboral ha sido considerado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como una “enfermedad peligrosa para las economías industrializadas y en vías de desarrollo; perjudicando a la producción, al afectar a la salud física y mental de los trabajadores”. Según la OIT, el 30% de la población activa sufre estrés laboral, siendo esta cifra mayor en los países en vías de desarrollo. En Europa, la Tercera Encuesta sobre Condiciones de Trabajo de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo (EUROFOUND 2000) identifica el estrés como la segunda enfermedad más frecuente. Se puede decir que el estrés laboral es uno de los principales problemas para la salud y la seguridad en el trabajo que nos encontramos en Europa, y casi el 25% de los trabajadores se ven afectados por él y según la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (EU- OSHA), entre un 50-60 % de las bajas laborales se encuentran relacionadas con el estrés laboral.

Además de que el estrés puede provocar enfermedades y sufrimiento en las personas, la repercusión de este problema en términos de pérdida de productividad, enfermedad y deterioro de la calidad de vida es muy alta, contribuye a la aparición de otros problemas de salud laboral y puede poner en peligro la seguridad en el lugar de trabajo. Por tanto, el estrés laboral es uno de los riesgos psicosociales más importantes en nuestra sociedad y entre los principales retos del futuro. El estrés tiene un alto coste económico, siendo un lastre para la mejora de la economía.

Numerosos estudios europeos revelan que el nivel de estrés de los profesionales sanitarios, en general, sustancialmente más elevado que el de otro tipo de profesiones. Aunque en general se sienten satisfechos ayudando a paliar el sufrimiento de los pacientes,  también les supone un fuerte desgaste emocional que puede afectar negativamente a su salud. Muchas profesiones se encuentran sometidas a niveles elevados de estrés, y dentro de ellas, el ámbito sanitario, y más en concreto los médicos y enfermeras, que son considerados como uno de los sectores profesionales más expuestos niveles elevados de estrés, tanto de forma puntual como mantenida. En España, según el estudio realizado por Antonio García-Rodríguez en 2014, el ambiente psicosocial de los profesionales sanitarios peor que el del resto de la población asalariada española, debido a altas exigencias psicológicas y emocionales y un elevado nivel de estrés percibido. Los principales factores de riesgo psicosociales que se destacan son:

  • La carga de trabajo
  • La mala distribución de los turnos.
  • La falta de claridad en la definición de roles, tareas y funciones.

¿Cómo podemos identificar que el nivel de estrés es suficientemente elevado para considerarlo patológico?

Debemos fijarnos en los siguientes síntomas:

  • A nivel cognitivo-subjetivo: aparece preocupación, dificultad para decidir, pensamientos negativos sobre uno mismo y de la propia actuación ante los otros, temor a la pérdida del control, dificultades de concentración.
  • A nivel fisiológico: El estrés se manifiesta por un estado de disregulación del sistema nervioso central, autónomo y endocrino, en el que participan neurotransmisores tales como el cortisol y las catecolaminas (adrenalina, noradrenalina, dopamina), que generan una hipertensión, un incremento de los radicales libres y un descenso de las sustancias antioxidantes (entre ellas la melatonina). Esto se manifiesta en: sudoración, tensión muscular, palpitaciones, temblor, molestias en el estómago, otras molestias gástricas, dificultades respiratorias,    sequedad de boca, dificultades para tragar, dolores de cabeza, mareo, náuseas, etc.
  • La continuidad de los síntomas se asocia con un incremento de la incidencia de depresión, síndrome de Burnout, alteraciones psicosomáticas, lesiones musculo esqueléticas, cáncer, entre otras.
  • A nivel motor u observable: fumar, comer o beber en exceso, o consumir cualquier droga o fármacos en exceso, intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.), ir de un lado para otro sin una finalidad concreta, tartamudear, llorar, queja continua, realización de conductas de riesgo, etc.
  • A nivel emocional: enfado, irritabilidad, tristeza, culpabilidad, disregulación emocional.

¿Estamos indefensos en caso de epidemia de estrés?

Las instituciones se han de emplear a fondo para atajar el estrés laboral y sus consecuencias. Si bien estas medidas pueden estar inicialmente fuera de nuestro alcance, no hay que quedarse de brazos cruzados, hay otras formas de prevención y abordaje que sí están a nuestro alcance.

Sí podemos hacer lago. Podemos fomentar los factores de protección tales como:

  • La formación técnica para abordar situaciones complejas.
  • Considerar la edad y la experiencia como elementos a nuestro favor.
  • Mejorar nuestras competencias personales para afrontar conflictos y situaciones de estrés.
  • Cuidar el clima laboral y las condiciones de trabajo, propiciando un espacio ordenado, el apoyo de los superiores y compañeros, la flexibilidad, etc.
  • Contar con el apoyo familiar y social.
  • Generando un espacio donde compartir emociones.

Y si ya te sientes afectado, toma medidas. Aquí tienes 7 claves:

  1. Haz sitio a una actividad de ocio gratificante (contacto con la naturaleza, desarrollar una afición, hacer ejercicio físico, meditación, etc.).
  2. Cuida y gestiona tus emociones.
  3. Busca dentro de la jornada, al menos, dos minutos de desconexión.
  4. Visualiza la tarea o problema que te inquieta o desborda para encontrar soluciones eficaces y anticipar dificultades.
  5. Elimina creencias limitantes: “No tengo tiempo”, “No puedo parar ni un minuto”, “Debería llegar a todo”…
  6. Conecta contigo, con el sentido de tu trabajo, despégate de la tarea y mira el conjunto.
  7. Enfócate cada vez en una sola cosa, nada de mil tareas simultáneas. Organízate.

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