Pienso, luego me estreso

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Kenia Navarro. Psicóloga clínica y coach emocional formada en  ISIE. www.alighthouse.es

¿Te identificas con las frases siguientes?

  • La soledad me mata. Si no tengo a alguien cerca siempre, me siento desprotegido/a, no podré conseguir nada.
  • Me siento mal cuando me falta la aprobación y el cariño permanente de todos.
  • Vivo en alerta por los peligros que puedan surgir.
  • Es peor enfrentarse a los problemas porque generas más problemas.
  • El peso de mi pasado me impide mejorar en el presente y en el futuro.
  • Cada vez que me equivoco, me siento muy mal y me cuesta afrontarlo.
  • Me dejo la piel en ser alguien importante en la vida. No puedo soportar el no haberlo conseguido.
  • El resto del mundo goza de más suerte que yo y no tienen que enfrentarse a ese mundo hostil que se ha creado para mí.
  • Necesito sí o sí que los que me rodean actúen de forma agradable, considerada y justa.

¿Con cuántas te has identificado?

Todas estas frases se corresponden con ideas irracionales que aumentan nuestro nivel estrés.

Las ideas irracionales se basan en esquemas mentales que utilizamos como máximas y actúan de filtro negativo de la realidad. Nuestro sistema de creencias y valores, genera nuestras emociones. Las creencias racionales suelen ser más flexibles, más adaptativas y menos exigentes con el entorno y con nosotros mismos.

Albert Ellis señaló que buena parte de los problemas psicológicos se deben a patrones de pensamientos irracionales, centrando su teoría en que “Las personas no se alteran por los hechos, sino por lo que piensan acerca de los hechos” como decía el filósofo estoico griego Epicteto. Si somos capaces de cambiar esos esquemas mentales, seremos capaces de generar nuevos estados emocionales menos dolorosos y más acordes con la realidad.

Las profesiones de servicios humanos o de ayuda, tales como los profesionales sanitarios y los educadores, sufren la presión de factores estresores diversos (alta exigencia, falta de recursos, mal clima laboral…). Cuando la experiencia de estrés se prolonga en el tiempo, y sin esperanza de solución, puede desencadenar lo que se conoce como burnout, que va acompañado de agotamiento físico, intelectual y emocional.

Además de los estresores externos, podemos encontrar estresores internos que nos ponen trabas para afrontar los problemas con éxito.

Por señalar un ejemplo, en España, las investigaciones realizadas con profesorado de Secundaria[1] han señalado tres factores que predisponen al estrés en este perfil profesional:

  • Altas creencias de inadecuación por no ser lo suficientemente bueno, no estar preparado o no estar alineado con los valores del proyecto educativo.
  • Mayor número de actitudes autoritarias hacia los alumnos, con temor a perder el control y a la falta de respeto de sus alumnos.
  • Una baja tolerancia a la frustración cuando las cosas no salen según lo previsto o se cometen errores.

La presencia de estos factores va asociada con situaciones de  agotamiento emocional,  ansiedad, síntomas depresivos, parálisis ante los problemas, desvitalización, somatizaciones… Detrás subyacen ideas irracionales; sostenerlas acaba pasando una factura emocional.

Como señaló Dilts[2], las ideas irracionales son como virus mentales, que generan incapacidad y sufrimiento. Modificando estas ideas, cambiaremos nuestro estado emocional. Si cuestionamos nuestras creencias irracionales, si reflexionamos sobre cómo es nuestro diálogo interno – aquello que nos decimos sobre lo que nos sucede-, ampliaremos nuestra visión de la realidad, pasaremos de estados de frustración e impotencia a sentir la fuerza para actuar y resolver lo que nos angustia.

¿Qué nos ayuda a modificar las ideas irracionales? Empieza por estas 7 claves emocionales:

  1. Reconoce tus emociones en juego y su intensidad. Acéptalas como son.
  2. Preguntarte si lo que te dices/piensas es exacto (adecuado a la situación) o exagerado.
  3. Sé consciente y da a conocer tus necesidades.
  4. Toma conciencia de que eres parte del problema y de la solución.
  5. Predisponte para aprender y adaptarte a los cambios.
  6. Haz memoria de tus logros anteriores.
  7. Concédete un rato para tí en algún momento del día, ponte en alguna situación que te hagan sentir bien.

[1] Villa Sánchez, A., Calvete Zumalde, E. (1999) Estrés y Burnout docente: influencia de variables cognitivas. Revista de Educación, núm. 319 (1999), pp. 291-303.

Prieto Ursúa, M., Bermejo Oro, L. (2005) Creencias irracionales en profesores y su relación con el malestar docente. Clínica y Salud, 2005, vol. 16 n.° 1 – Págs. 45-64. ISSN: 1135-0806

[2] Dilts, R. (2003) El poder de la palabra: PNL Programación Neurolingüística.  Urano.

2 comentarios en “Pienso, luego me estreso

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