El miedo de atrás y el miedo de delante

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El miedo es una emoción relacionada con tu seguridad. La aparición del miedo es una señal emocional de peligro a la vista. Para Abraham Maslow, la seguridad es el segundo nivel de su famosa pirámide de las necesidades y su contenido es: Seguridad física, de empleo, de recursos, moral, familiar, de salud, de propiedad privada. Nuestro sueldo, el empleo, los recursos económicos que tenemos, lo que tenemos en propiedad, nuestra salud. Tu miedo de atrás custodia el conjunto, no de lo que eres, pero si de lo que tienes.

Seguridad está relacionada con poder. Con lo que puedes hacer, debido a que vigila los recursos. Cualquier peligro a lo que tienes es detectado por el miedo. De este modo el miedo te mantiene alerta sobre lo que posees. De ese modo asegura a tu vida una base, un lugar donde desarrollarse. Se refiere a tu vida tal como la concibas: puedes ser solo, con tu pareja, con tus hijos, el miedo se va a adaptar como señal de peligro a lo que consideras en lo más profundo los recursos para tu vida. Ante cualquier amenaza el miedo salta para hacerte recuperar el control. Las palabras que van apareciendo detrás de la palabra miedo son: seguridad, tener, control, propiedad, recursos, peligro.

Bien, pues todo lo descrito hasta ahora se corresponde con lo podríamos denominar miedo de atrás. Es un miedo que mira hacia atrás, hacia lo que ya posees.

Tienes también un miedo de delante, un miedo a lo nuevo, a lo desconocido, al cambio, a explorar nuevos territorios. Ese miedo te confina en tu zona de seguridad y se despierta cada vez que quieres salir de ella. Para salir de la zona de confort hay que superar ese miedo de delante.

La función de este miedo es la prudencia, o si lo prefieres, la precaución: no arriesgar sin ton ni son, calibrar tus pasos por territorios ignotos. Es un miedo que regula tu aprendizaje y tus nuevas experiencias.

La misión de ese miedo de delante es que tu exploración se realice sin poner en peligro tu base, eso que protege tu miedo de atrás. Esta es la relación entre los dos miedos, porque ambos tienen que ver con seguridad. El de atrás con conservar lo que ya tienes, el de delante con que las nuevas adquisiciones no pongan en peligro lo que ya tienes.

Incluso el sexo es una mezcla de miedo a la novedad y placer. No es solo placer, necesita el cosquilleo de que algo inesperado va a suceder. La inquietud que se produce, el miedo, el nerviosismo ante lo inesperado se vive de un modo doble, como bloqueo y como acicate. El sexo está relacionado con el miedo de delante.

Si no se exploran territorios nuevos, el sexo se muere. Sin un cierto miedo a explorar, sin la inquietud de la novedad, el sexo pierde interés, pues se convierte en rutina. Lo ya conocido activa poco nuestro sistema emocional, mientras que poner en marcha el miedo, la inquietud, el descubrimiento es poner en marcha el sistema emocional, además del placer.

Todo nuevo descubrimiento, toda exploración nace detrás de ese miedo a lo desconocido, del miedo de delante.

Si tienes demasiado miedo de atrás, tienes demasiadas cosas que proteger y no te vas a mover. Si hay pocas cosas que proteger, estamos más dispuestos a desafiar el miedo de delante.

Esto suele suceder con la edad. Los mayores suelen tener más cosas que proteger, más cosas acumuladas, incluso más familia, más propiedades y les cuesta afrontar el miedo de delante. La seguridad prevalece. El joven que no tiene atrás, que tiene poco que perder, arriesga, no le importa arriesgar.

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Este equilibrio entre el miedo de delante y el miedo de atrás recorre toda la vida, también toda tu vida. Dónde lo establezcas, más hacia atrás o más hacia adelante depende de ti. Porque tienes que decidir dónde lo sitúas. Ya sabes que el miedo que no se afronta, no se supera.

Lo curioso es que si miras atrás realmente no vas a sentir miedo, estarás dentro de la seguridad. Estarás dominado por el miedo pero no lo percibes, porque para percibirlo tienes que moverte, afrontar el miedo de delante, esa barrera que te impide salir de tu seguridad.

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