La emoción crea nuestros lazos y así dibuja nuestro mundo personal

las 4 dimensiones de la emocion

Quizá estamos más acostumbrados al aspecto evaluativo de la emoción. En la gestión emocional lo que interesa es la información que nos aporta, la evaluación que hace de la situación de una persona. De ese modo el miedo informa de que existe un peligro del tipo que sea, mientras que el enfado o la rabia nos informa de un obstáculo en nuestro camino o de que nos han arrebatado algo, o de que alguien está pisando nuestro terreno personal.

Pero la emoción no es solo información o valoración de la situación, la emoción tiene una dimensión vínculativa. Debido a la emoción nos sentimos vinculados o rechazamos (nos caen mal) personas o cosas o situaciones, todo aquello que vivimos.

Sigue leyendo

¡La emoción está en el cuerpo!!!

Derecho de autor: belchonock / 123RF Foto de archivo

¿Dónde sentimos la emoción? Esto tiene una clara respuesta: la emoción está en el cuerpo, se siente en sensaciones en lugares concretos del cuerpo, por ejemplo el miedo en el bajo vientre, de ahí la expresión “cagarse de miedo” algo que es literal. En las películas se recoge a la persona que se hace pis de miedo por ejemplo cuando le va a torturar la mafia. La emoción de miedo intensa actuando en el cuerpo produce la incapacidad de controlar esfínteres.

Hay muchas otras expresiones, coloquiales o de la literatura, que reflejan esta realidad de que la emoción está en el cuerpo, se localiza en el cuerpo, ejemplo son; «tengo el corazón en un puño», «puedo respirar a pleno pulmón» y montones de ellas, seguro que tú puedes poner una cuantas más.

Además hay referencia a las sensaciones que configuran la emoción, porque en realidad no sentimos una emoción, sentimos una serie de sensaciones que interpretamos como una emoción. Esas sensaciones tienen que ver con un lugar del cuerpo concreto y también con la respiración, la aceleración del pulso, la sudoración… todos efectos relacionados con la emoción que los provoca. Estar bajo la presión de tener que pagar una factura cuando no nos llega el dinero nos puede hacer sudar.

La conclusión evidente es que hay una estrecha relación entre cuerpo y emoción. Antonio Damasio, investigador del cerebro las ha dejado bien clara en su libro, El error de Descartes, donde explica que el cerebro proyecta la emoción en una parte del cuerpo, de forma que el cuerpo tiene algo de estatua modelada por nuestras emociones. Somos un cuerpo que piensa y siente.

Además hay 2 escuelas de psicología humanista que ponen el acento en la localización de la emoción: focusing y bioenergética. En ambas se trabaja localizando la emoción en el cuerpo. En la primera, se aprende a focalizar la emoción para gestionarla, localizando dónde la tenemos almacenada. La segunda trabaja enteramente desde el cuerpo, desde lo somático, encontrando todos esos puntos donde la emoción nos bloquea. También ayuda a entender como la emoción moldea el cuerpo: la figura de nuestro cuerpo tiene que ver con nuestras emociones.

Una forma particular de la conexión cuerpo-emociones la evidencia la investigación de Paul Ekman, al indicar que el rostro refleja e identifica la emoción y que ese rostro modelado por la emoción es transcultural: todos los seres humanos tienen e identifican las emociones básicas en el rostro de los demás seres humanos. Subyace a la afirmación el que las emociones tienen expresiones somáticas universales. Pero me parece que con esto, para apoyar mi tesis, te estoy ya contando obviedades que conoces perfectamente.

Pero me gustaría matizar, por ejemplo, que hay una variación personal de la localización de las emociones, de modo que no se puede dar un cuadro de ubicación de las emociones en el cuerpo más que como indicación general sociológica, y hay que tener en cuenta que habrá personas que salgan de lo indicado. Por eso cuando se trabaja en gestión emocional es mejor atenerse a lo que cada persona expresa, y no partir de una idea prefijada.

Dicho lo anterior, te voy a poner alguna indicación general: el miedo se localiza en el estómago o bajo vientre. El enfado se suele sentir en el cuello o en los ojos. Hay emociones que se sitúan en el pecho, de la familia del enfado, que tienen que ver con la falta de libertad, de aire. La excitación de la incertidumbre, que es también del miedo, acelera el ritmo cardíaco y concentra la mirada, bueno en realidad todos los miedos. La tristeza, al quitar la energía de los músculos dibuja una figura caída-depresiva típica. La alegría en sus formas de ilusión correlaciona bien con el pecho lleno, con sentirse ligero, con todos los pulmones llenos, con abrir las manos para abrirse…

Bueno, me parece suficiente para que puedas entender que no se puede trabajar las emociones sin trabajar en conexión con el cuerpo, o dicho mejor, para la gestión emocional tienes que poner constantemente en conexión los tres niveles del ser humano: el cuerpo, que es fisiológico-instintivo, el psíquico, que es emocional, y el racional. Somos una unidad muy profunda.

El programa TEI de prevención del acoso escolar.

15455389_s

Hace pocos días he estado en una sesión de presentación del PROGRAMA TEI: tutoría entre iguales. Programa de convivencia escolar. Prevención de la violencia. La persona que lo impartió ha sido Verónica Prieto Montes que trabaja en la implantación del PROGRAMA TEI en la comunidad de Madrid. La sesión tuvo lugar en la sede del ISEP (Instituto Superior de Estudios Psicológicos) que desde hace muchos años imparte postgrados en psicología educación, psicología, neurociencias y logopedia.

El objetivo del programa es inhibir las conductas agresivas entre iguales, a través de sensibilizar y empoderar al grupo (espectadores) e integrar a las víctimas dentro del grupo. El programa que actúa en todos los alumnos pero muy especialmente en los espectadores, ya que si estos no permiten el bullying y defienden a la víctima, el acosador deja de actuar por falta de refuerzo.

Se trata de un programa institucional, que debe ser aprobado por el Claustro de profesores y el Consejo Escolar, y el colegio a todos los niveles está implicado. Para hacer esta labor tanto alumnos como profesores reciben una formación específica que está ya pautada. En todos los centros hay un coordinador y un equipo de profesores del programa TEI (a pesar de que todos lo conozcan y lo vivan).

El sistema está basado en una tutoría emocional entre iguales, de modo que en Secundaria los alumnos de 3º tutorizan a los de 1º y continúan con esa tutoría al año siguiente. Igualmente los alumnos de 5º de Primaria tutorizan a los de 3º y continúan al año siguiente.

Evidentemente los tutores eligen libremente serlo, mientras que los tutorizados entran todos al programa. La experiencia es que más del 90% de los alumnos quieren ser tutores.

La tutoría se realiza una vez al mes en la hora de tutoría y de forma informal en el patio, en los momentos entre las clases y a la salida del colegio, cada vez que los interesados sientan oportuno hacerlo.

Los alumnos tutores reciben unas 20 horas durante todo el curso académico incluyendo:

  1. Actividades de cohesión (alumnos tutores + tutorizados) con el objetivo de consolidar y facilitar la relación tutor-tutorizado.
  2. Actividades de tutoría: hacen un total 9 actividades para tutores y 9 para tutorizados durante todo el curso académico en la hora de tutoría.
  3. Valoración y formación permanente de los alumnos tutores con el coordinador/a del programa.

El efecto es que los alumnos de 1º y 2º de la ESO se encuentran mucho más acogidos en el centro escolar y los de 3º y 4º mucho más implicados. La responsabilidad de un alumno menor les hace crecer.

En un caso de bullying el primero en intervenir con el acosador sería precisamente el alumno-tutor después de que su tutorizado le haya informado. Si esta actuación no da buen resultado, el segundo en intervenir es el alumno-tutor del acosador. Solo cuando estas intervenciones no dan resultado interviene el coordinador del programa en el centro, que suele ser el orientador.

Para quien sufre acoso resulta más fácil acudir a un alumno que a un profesor o a sus padres, ya que hay una ley de silencio que es necesario superar.

El acoso prácticamente desaparece porque es un fenómeno que se da prioritarimente entre iguales y la presencia de un alumno mayor inhibe su aparición, mientras que la implicación de los mayores hace que se encuentren fuertemente sensibilizados con el tema, lo que prácticamente evita su aparición. En todos los casos es muy difícil que se produzca esa conducta repetitiva de hostigamiento que constituye el bullying.

Los resultados constatados del programa son muy buenos: desaparecen las situaciones de acoso en mas de un 95% de los centros que lo han implantado, favorece la convivencia y modifica el clima y la cultura del centro respecto a la violencia (a partir del primer año existe una reducción del 40% de las expulsiones de clase, un 30 % de amonestaciones y un 26% de reducción en el absentismo escolar). Aumenta la satisfacción, autoestima y rendimiento académico del alumno y disminuye los niveles de ansiedad y estados depresivos.

El programa tiene una fuerte implantación especialmente en Cataluña, donde nació, y en Valencia. Actualmente está ya implantado en 350 centros de Primaria y Secundaria y que han pasado por el programa 480.000 alumnos, la mayoría en España (Galicia, País Vasco, Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla la Mancha, Madrid y Murcia) pero también existen centros en Londres, París, Marruecos, Berlín y América del Sur.

Sin embargo el Programa TEI no está difundido en Madrid donde actualmente solo el IE Gustavo Adolfo Becquer es pionero, gracias también al impulso y dedicación de Susana Valles, la única coordinadora de un Instituto con 5 líneas y más de 900 alumnos.

Desde la Educación Emocional el sistema de la Tutoría Entre Iguales recoge algunos de los principios de actuación al otorgar responsabilidad e iniciativa a los alumnos. Además la responsabilidad es precisamente sobre las relaciones, lo que hace que estas sean mucho más valoradas en el centro. Esto hace que se trate de un programa compatible con la Educación Emocional. Además la formación en emociones que proporciona esta es muy adecuada para la gestión del conflicto y la mediación. Mientras que el Programa TEI proporciona a la Educación Emocional un énfasis en las relaciones y una asunción de la responsabilidad del centro en la gestión de estas, además de un modo adecuado a la gestión de conflictos. Además la acogida en un ambiente favorable y generador de confianza de los alumnos menores es un elemento fuertemente acorde con la idea de la Educación Emocional.

El programa PEI recibió la atención de TV2: https://www.youtube.com/watch?v=X1t9ZrJsF_M

El email del Programa TEI es: programatei.1@gmail.com

El patrón emocional es un paquete.

Diapositiva10

En la Educación Emocional se habla constantemente de emoción, de sentimiento, de gestionar la emoción, etc. Y se corre el riesgo de olvidar un dato importante: la emoción no es un elemento aislado ya que en la interioridad psíquica se da siempre como un patrón emocional. En esto sigo a Leslie Greenberg y su Terapia Focalizada en las Emociones y a su experiencia de toda una vida de trabajo emocional.

Sigue leyendo

Focalizar la emoción en 6 sencillos pasos

9911407_s

Esta es la habilidad básica necesaria para una adecuada gestión emocional individual. destreza que todo docente del siglo XXI debe poseer.

Esta es también la herramienta central para el coaching emocional

Está basada en Leslie Greenberg (Terapia Focalizada en la Emoción) y en Eugene T. Gendlin (Focusing) y es el modo de acceder a la emoción para utilizarla como guía, tanto para fijar un objetivo al alumno como para fomentar su motivación.

151207 Focalizar la emoción en 6 sencillos pasos

Experiencias de Educación Emocional: Colegio FEM, Madrid.

FEM-fachada-izquierda

(fotografía de uno de los chalets donde se ubica el colegio)

Hace unos días he visitado el Colegio FEM, un colegio privado de Madrid situado en la zona de Moncloa que tiene un programa de formación en Educación Emocional que lleva adelante con gran entusiasmo y dedicación Mayte Morán.

Una vez al mes cada aula tiene una actividad dedicada a la Educación Emocional o, como respondieron los alumnos, a aprender “respeto”. Estuve con Mayte en un aula de 8 años, 3º de Primaria para una actividad que en este caso consistía en el relato del cuento “Por 4 esquinitas de nada” que tiene como moraleja el aprendizaje de la empatía.

Primero me impresionó el cariño y la ilusión con que los alumnos recibieron a Mayte y su bullicio al enterarse que tenían Educación Emocional. Dejando la situación de pupitres habitual los alumnos acercaron sus sillas hacia la pizarra. En el lío que se formó una alumna, enfadada desistió de su intento de poner su silla precisamente en la primera línea trayéndola por encima de las cabezas desde la última, y se sentó en el suelo al fondo. Mayte se acercó a ella, la recogió, pero dejó que tomase la decisión de incorporarse al grupo, algo que hizo a los pocos minutos. También me impresionó que Mayte conocía a cada alumno y los llamaba por su nombre, siendo así que se recorre todo el colegio y cada día está en un aula diversa. Un  importante esfuerzo por su parte de personalización.

Primero Mayte planteó a la clase: ¿qué es un problema? Y surgió un haz de respuestas que fueron recogidas en lo posible. Después Mayte hizo de cuentacuentos y ayudándose de unas cartulinas con eficaces dibujos de círculos y un cuadrado les relató el cuento entablando a la vez un diálogo con ellos. Al llegar al momento clave volvió a conectar con la clase: ¿cómo solucionaríais este problema? (que un cuadrado pase por una puerta redonda). El jaleo de la clase se hizo indescriptible, todos querían cooperar a la respuesta aunque algunos era sencillamente tener un momento de protagonismo en el que toda la clase le miraba. Para facilitar el turno de palabra, Mayte utilizó un peluche que debía tener en la mano quien hablaba.

Las soluciones iban desde la cirugía o cortar las esquinas a cambiar la casa a cambiar la puerta. Todas las soluciones posibles en un verdadero alarde de imaginación porque se estableció una competencia soterrada de dar la solución novedosa.

La realidad es que fue una hora muy bulliciosa en la que los niños no paraban de intervenir a destiempo interrumpiendo la dinámica. Mayte estaba sorprendida y se pregunta el motivo de tanta ebullición y en algún momento enfadada por las continuas interrupciones. Los niños son vida y cada día es diferente y lo que te has propuesto puede que salga o puede que no. Esta había sido la reflexión que premonitoriamente me había hecho antes de entrar y la que, con algo de vergüenza por el jaleo de los chavales, me volvió a hacer al salir, explicando que no tiene sentido entrar con medidas disciplinarias con los díscolos porque no se consigue nada con los chavales.

El aprendizaje de Mayte ha sido que tiene que cambiar de técnica si una no funciona; algo que suele practicar, ya que en ocasiones se acierta con la alternativa elegida y a veces no. También que el cuento del cuadradito no funciona bien hasta 4º de primaria; era la primera vez que lo hacía con 3º y no parecen estar preparados para él; en 4º ha funcionado fenomenal.

Me fui muy contento viendo los esfuerzos por introducir la Educación Emocional y cómo con programas y soluciones diversas se va extendiendo por los colegios y alcanzando a los niños. Los padres apoyan el programa y solicitan más, y el colegio se esfuerza dentro de la evidente limitación de calendario.

Evidentemente es poco para un programa que realmente no es solo una asignatura sino un elemento transversal que debe impregnar todas las relaciones y actividades, pero me fui muy optimista al ver que efectivamente la Educación Emocional es una necesidad para la formación de los alumnos, algo que seguirá impulsando su aplicación.

classroom-15593_1280

(La fotografía no es del aula).

Educación Emocional para padres

carolina1

Entrada escrita por Catalina López Zuluaga, escritora y periodista, alumna Montessori y de la Universidad Pontificia Bolivariana. Casada desde hace 10 años y madre de dos preciosos hijos de 8 y 5 años.

En estos nuevos tiempos, la tecnología parece dominar nuestro mundo, estamos todo el día mirando una pantalla, resolviendo problemas, trabajando y estudiando, parecemos robots y no dejamos ningún espacio libre para interactuar como seres humanos, como sociedad y como familias, hemos perdido el calor humano dado por las emociones, por esta razón creemos que es muy importante que aprendamos a dar énfasis a los sentimientos y transmitirlo en el núcleo familiar.

Sigue leyendo

La Escuela en España en 1960

clase 1950

Sí, porque yo fui al colegio en Madrid desde 1958 hasta 1971, desde mis 4 hasta los 17 años en que entré en la Universidad. Es decir cogí de lleno los años 60, los años de los hippies, de la guerra de Vietnam y las protestas, de la muerte de Kennedy, yo todavía recuerdo ese día en el patio del colegio todos comentando no sé qué, porque no sabíamos mucho ni de USA ni de la noticia, pero impresionados. Los años de uno más de los machaques de los israelíes a los palestinos, la guerra del 67 que consolidó el aparheit en que todavía viven los palestinos y que yo seguía en las noticias haciendo mi propio mapa con los cambios de cada día como si fuera un juego de Risk, ajeno a injusticias y a la realidad de la muerte.

Nuestras aulas tenían estrado que abarcaba toda la pared delantera. Porque había parte de delante y parte de atrás. En el estrado estaba la mesa del profesor y la pizarra por ello cuando ibas a la pizarra estabas a la vista de toda la clase, expuesto a las miradas de todos.

Los pupitres de madera de dos plazas estaban en filas, todos mirando hacia el estrado en filas separadas. Tenían un cajón de madera donde debías meter la cartera y en su reborde superior había un hueco para meter el tintero. El tintero era necesario para las clases de caligrafía que se hacían con plumín, que debía ser con corona, los otros modelos no servían y tinta china, tampoco había otras tintas, los chinos tenían el monopolio. Todo “debía ser” de determinado modo, había montones de “debía ser”.

Por supuesto mi clase era toda de chicos. No será hasta que llegue al curso previo a la universidad, ya en los años 70, cuando comenzarán las clases a ser mixtas. Vaya palabra “mixta”, pero era la que se utilizaba.

Éramos muchos por aula, entre 40 y 50, pero estábamos separados, solo mirando al profesor, cualquier otro contacto estaba prohibido. No podías mirar a los lados ni por supuesto tampoco atrás. Teníamos que estar en silencio la hora entera que duraba cada clase y solo podíamos hablar en los breves tiempos entre clases mientras cambiaba el profesor.

Se configuraba una organización fuertemente autoritaria, ante todo y sobre todo autoritaria, lo más lejana de la idea del trabajo en equipo de la formación de grupo, toda orientada al profesor, y enteramente dirigida por él, que tenía el protagonismo total de la clase. Tenía casi poder de vida o muerte.

Porque el tono era fuertemente disciplinario. Los alumnos debíamos ser obedientes y tranquilos, callados. Todavía recuerdo que una vez me quedé castigado en el colegio después del horario lectivo porque había estornudado debido a mi alergia primaveral, pero según el entender del profesor demasiado fuerte. Si hablabas en clase eras castigado, primero en el extremo del estrado de pie mirando la pared. Si al profesor le parecía que eso era poco, entonces de rodillas ante el estrado mirando a la pizarra. Si eso no era suficiente al parecer del profesor, entonces al pasillo, al lado de la puerta de la clase. Eso era terreno peligroso porque podía pasar el director o alguno de los curas. Yo tuve un profesor, el de ciencias de 5º de bachiller, que en una buena temporada del curso, según entraba en clase, me sacaba al pasillo y llegué a conocer bien al director que pasaba por allí diariamente, aunque en mi recuerdo se aleja bastante del ogro, sencillamente me preguntaba cada día si estaba otra vez allí.

El sistema represivo estaba reforzado por el castigo físico, el profesor te pedía que levantaras la mano con los dedos juntos y con una regla de madera le atizaba con fuerza a esos dedos juntos. Ese mismo profesor de ciencias, que ha dejado huella en mí, aunque debo decir que también me dio la matrícula de honor, tenía un palo famoso al que llamaba Margarito.  Era verdaderamente temido por los alumnos.

El castigo físico era habitual, coger de la oreja cuando estabas sentado en el pupitre y tirar para arriba, o de las patillas. Recuerdo un día que llovía y durante el recreo le pregunté a un compañero de clase que le pasaba en el ojo, tenía un ojo con algo así como una nube y a mí me intrigaba, yo tendría diez u once años. Al cabo de un rato me hizo llamar un cura que estaba vigilando el recreo, fui hacia él pero no tuve oportunidad de llegar, una bofetada me sumergió en un charco de barro, mientras el cura gritaba no sé muy bien qué porque yo solo recuerdo el calor de mi mejilla y mi oreja que se iban poniendo progresivamente rojos.

¿Por qué cuento todo esto? Primero porque aunque nos parece lejano y no está en la memoria de muchos es nuestro pasado cercano y es malo olvidar la historia. Segundo porque han variado muchas cosas desde entonces, y es importante constatarlo. Tercero porque no han variado tantas cosas y el rastro de esa época es posible descubrirlo también por todas partes.

Mi intención es por tanto hacer consciente el sistema del que venimos y teniéndolo presente ver si realmente la educación está cambiando de fondo y qué es lo que queremos realmente cambiar en la educación.