La dinámica de la inversión en los besos

Desde hace mucho tiempo he estado interesado en el beso (en este blog llevo ya 4 entradas, ver por ejemplo: http://wp.me/p2KddV-5j ), me llama la atención su elevada presencia en las interacciones humanas y lo poco que se ha escrito y estudiado el beso, no sabemos casi nada del beso. El beso ha estado ausente en la cultura hasta tiempos muy recientes en que las emociones y las relaciones están entrando en la cultura y en la investigación científica. Es un fenómeno que se producía, pero que no merecía la atención. Y es un fenómeno muy, muy importante.

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La empatía necesaria en la etapa infantil/inicial

Esta entrada se produce en el contexto de una intervención para gestión emocional en infantil/inicial y quiero establecer dos principios de una forma clara: el miedo se gestiona desde la seguridad y la seguridad la proporciona el vínculo.

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Blay Llaudaró, Enrique: El bebé emocional La semilla del amor. Gestación, nacimiento y crianza (hasta los 2 años)

Entrada escrita por Begoña Morales López, profesora de infantil.

Comentario del libro publicado por: Editorial Círculo Rojo- Educación blay llauradoInfantil. Febrero 2012

Enrique Blay es Diplomado en Psicología del Desarrollo/Terapeuta Psico-emocional especializado en la época primera del ser humano -gestación, nacimiento y primera infancia- bajo la perspectiva de lo que siente y necesita un bebé para su desarrollo en armonía.

En su libro El bebé emocional destaca la importancia de satisfacer las necesidades de nuestros hijos, no solo las necesidades básicas, fundamentalmente a estas edades, fisiológicas, sino también y más importante aún sus necesidades emocionales, creando un ambiente familiar seguro en el que se sientan amados incondicionalmente, lo que les permitirá desarrollar su autoestima y sus propias capacidades de autogestionarse en cualquier situación que se encuentren en la vida.

“Las emociones son la esencia de la vida (…) Solo podemos conocernos a nosotros mismos a través de lo que sentimos y de las emociones subyacentes”

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El llanto del bebé (2): ¿qué puedo hacer?

Entrada escrita por Teresa Escudero, médico pediatra, doula y coach emocional.

Esta es la segunda de 2 entradas sobre el llanto en el bebe. La primera se centró en ¿Por qué llora un bebé?

¿Y cuándo llora, qué puedo hacer?7052957_s

La necesidad básica de los seres humanos (y la de todos los primates superiores) es el contacto. El alimento es importante, qué duda cabe, pero mucho más importante es el contacto, como demostraron ya hace décadas los clásicos experimentos de Harlow con los monos.

Cuando un niño llora, lo primero que está pidiendo es cercanía, contacto, PRESENCIA. Según la personalidad del niño, algunos llorarán solo cuando lleven un tiempo solos, otros llorarán en cuando los padres hagan amago de dejarlos en la cuna (incluso cuando todavía están apartando los brazos, el simple hecho de separarse del torso del cuidador, despierta una angustia terrible en algunos niños). Este llanto, agobiante para muchos padres y madres, nos recuerda que, como mamíferos altriciales, necesitamos alguien que nos cuide, que nos acoja, que nos abrace. Esta necesidad es universal, y el llanto del niño nos recuerda todas esas veces en las que lloramos… y por desgracia no fuimos acogidos, cuidados, ni abrazados. Todas esas veces que nuestros padres hicieron caso al “experto” de turno y nos dejaron llorar, cuando nosotros necesitábamos consuelo. Por eso, a la sensación desagradable que todos tenemos programada por la naturaleza para defender a la cría, se añaden sensaciones y emociones aprendidas, sentimientos de desamparo y tristeza, dolores antiguos que el bebé aviva sin saberlo.

Cuando un niño llora, es porque siente dolor. El dolor puede ser físico, puede ser evidente en la exploración clínica que hay una incomodidad, gases, estreñimiento, una rozadura del pañal o de la ropita del bebé. Pero hay un dolor más profundo, el dolor emocional. Los niños lloran a menudo por estrés, porque venir a este mundo es tremendamente estresante. Yo a menudo les pido a los padres que intenten pensar que han pasado un fin de semana en un SPA, relajándose, disfrutando, con un “todo incluido”, comiendo y bebiendo cuando querían y como querían… Y el lunes hay que volver a trabajar. Ese lunes todo nos parece peor, nuestro jefe está más quisquilloso de lo habitual, nos cuesta lidiar con el tráfico, y cuando volvemos a casa no lloramos, pero no nos faltan ganas de hacerlo…¡con lo bien que se estaba en el SPA!!

El bebé lleva 9 meses en un entorno cálido, seguro, húmedo, sin nada que le roce, flotando, sostenido por el útero, con alimento y bebida constante, a través del cordón umbilical. A veces sufre el estrés que tiene mamá, pues le llegan sus catecolaminas a través de la placenta, pero la propia placenta se encarga de protegerle, de dosificar incluso esos momentos de estrés materno.

Y entonces nace: Y entonces, por primera vez en su vida siente hambre y sed. Por primera vez en su vida siente frío, o calor. Por primera vez en su vida escucha los ruidos a través de aire, sin el manto protector de la piel, el útero y el líquido amniótico. Por primera vez ve la luz, que cuando es brillante incluso hace daño.

El bebé se ha acostumbrado a un contacto constante, a un movimiento constante, a una alimentación constante, a un ruido de fondo constante (corazón, intestino, voces amortiguadas de fuera, la voz de mamá…). Y eso espera y necesita cuando sale. El lugar más aterrador para un bebé humano normal, es un lugar duro, frío, que no contenga ni se mueva, silencioso y donde no puede comer cuando lo necesita. ¿Os suena? Sí, el lugar más estresante para un bebé humano es una cuna (sobre todo si está en una habitación distinta de la de sus padres).

¿Cómo hacemos para que el niño llore menos? ¿Cómo aliviamos ese estrés?

Simplemente haciendo caso a nuestro instinto. Nuestro cuerpo, nuestra emoción, nos pide que cojamos a ese bebé, que abracemos el llanto, que consolemos la tristeza. Y, como suele suceder, el mensaje del cuerpo, el mensaje de la emoción, es verdadero.

¿Si lo cogemos se calmará? Pues no siempre. Hay niños que necesitan llorar mucho, los niños que han vivido con su mamá un embarazo más estresante, los niños cuyos partos han sido más instrumentalizados y menos respetados, los niños nacidos por cesárea, los niños a los que se ha intentado “enseñar a dormir” con cualquier método que incluya el dejarles llorar, normalmente tienen más necesidad de llorar ese estrés añadido, y acompañar su llanto puede ser agotador.

Por eso os invito a que, al acompañar el llanto de vuestro hijo, acompañéis también vuestros antiguos llantos, que al abrazar a vuestro hijo, abracéis a ese niño interno al que no abrazaron cuando lo necesitó, que al contener a vuestro hijo, seáis capaces de reconoceros vulnerables. Y si veis que no sois capaces, que duele demasiado, pedid ayuda. El puerperio es un momento excelente para indagar en nuestra infancia, en nuestros miedos, para rescatar a ese niño interno que necesita ser mirado, comprendido y acogido. Pedir ayuda, buscar alguien que nos contenga a nosotros y nos apoye, que nos abrace sin juzgarnos, incluso alguien que pueda coger a nuestro hijo y calmarlo cuando nosotros ya no podemos más, es ser un buen padre, es ser una buena madre, porque sólo estando atentos a nuestra propia emoción, seremos capaces de estar atentos a las emociones de nuestros hijos.

Los niños son grandes maestros, con su llanto nos invitan a llorar nuestro propio llanto, nos invitan a no reprimir la tristeza, la rabia o la simple incomodidad. Nos recuerdan que tenemos derecho a ser consolados, pero también el deber de consolar.

Que el llanto de nuestros hijos nos ayude a reconocernos y a consolarnos unos a otros. El mundo se convertirá en un lugar mucho más amable y más hermoso.

El llanto del bebé (1): ¿Por qué llora un bebé?

Entrada escrita por Teresa Escudero, médico pediatra, doula y coach emocional. Debido a que Teresa va poco a poco escribiendo sobre este tema de la crianza emocional: el cuidado de las emociones del bebe y de su madre y de su padre, he decidido añadir una categoría: CRIANZA EMOCIONAL, que estará dentro de la EDUCACIÓN EMOCIONAL: es su comienzo.  Me había resistido a incluirla por no pertenecer al ámbito de la escuela, sin embargo es un tema necesario, una base para comprender lo que viene después y tener una línea coherente de cuidado emocional. He incluido en la categoría todas las anteriores entradas de Teresa, así pueden ser fácilmente localizables en el blog.

Voy a hacer 2 entradas sobre el llanto en el bebe porque no he sido capaz de condensar lo que quería decir en el espacio de una sola entrada. La primera se va a centrar en ¿Por qué llora un bebé? La segunda va a ser sobre ¿Y cuándo llora, qué puedo hacer?.

“Es que llora por nada”, “es que es un llorón”, “tendrá hambre, claro, te empeñas en la teta, 17592529_sla teta, y así pasa”, “déjale llorar que se expanden los pulmones”…. Podría seguir con cientos, incluso miles de frases que abundan en la misma idea: Los bebés que lloran mucho son malos, lloran “sin motivo” y sólo para fastidiar o manipular a los padres.  A veces lloran porque tienen hambre, y entonces la solución es darles un biberón.

Esta idea absurda y sin ningún fundamento científico, se ha extendido como la pólvora, y en cientos de libros supuestamente serios y de supuestos expertos en neurología y educación, se abunda en ella para justificar métodos que sólo puedo calificar de tortura.

El llanto es el único medio de comunicación que posee el niño para expresar descontento, frustración, estrés, dolor, tristeza y, sí, también hambre (pero el llanto es una expresión tardía del hambre, si estamos atentos a otras señales, el niño nunca llegará a llorar por ese motivo). El llanto del niño se malinterpreta porque vivimos en una cultura adultocéntrica, fría y desconectada de los sentimientos más elementales, y aún más de las emociones y de las informaciones que nos aporta nuestro cuerpo.

Llevo catorce años trabajando como médico: Nunca en toda mi carrera he conocido a un padre o madre al que el llanto de su bebé no le desesperara. Nuestro cuerpo nos pide coger a ese niño, acunarle, ayudarle en ese llanto… Y a veces, la frustración de no poder, no saber cómo ayudarle, cómo consolarle, nos lleva a buscar soluciones extremas, irrespetuosas y absurdas, como el método de dejarle llorar con tiempos (método Ferber, Estivill, o como le queráis llamar), u otros similares.

No, en este artículo no hay fórmulas mágicas para que el niño “deje de llorar”. Sólo pretendo aportaros una visión diferente de las posibles causas del llanto y de cómo podemos acompañar cada uno de esos llantos. Algunas veces el acompañamiento calmará el llanto, otras no, y saber acompañar a nuestro hijo en ese momento también es fundamental.

¿Por qué llora un bebé?

Un bebé llora para COMUNICARSE. Estoy convencida de que para el bebé sería mucho más fácil podernos decir lo que le pasa, pero por desgracia nuestro cerebro es muy complejo, y el lenguaje aún más, así que la Naturaleza, sabia como es ella, ha programado un sistema de comunicación sencillo para los bebés, y también para los padres. Si el bebé está cómodo y contento duerme, gorjea, sonríe. Si el bebé está incómodo o triste, llora.

¿Por qué el llanto de un bebé es tan desagradable?

El llanto de un bebé SIEMPRE nos provoca una sensación de incomodidad, y así lo ha dispuesto la naturaleza, para asegurarse la supervivencia de ese bebé. Ante el llanto de un bebé todo adulto mínimamente sano (los psicópatas no, claro, pero estamos hablando de personas normales), siente el deseo de dejarlo todo y acudir a donde esté ese niño, para calmar el llanto. Este mecanismo ha asegurado la supervivencia del bebé durante siglos, en los albores de la humanidad las mamás australopitecus atendían el llanto de su bebé…  si un bebé se quedaba tumbado tranquilo, sin llorar, había muchas posibilidades de que se lo comiera un león, o cualquier gran carnívoro que hubiera en aquella época. Todos somos descendientes de llorones.

Amamantar es un acto natural en la especie humana

Artículo escrito por Teresa Escudero en el que expone con pasión su opinión sobre la lactancia pública. Aunque el tema no es directamente de los que se ocupa este blog, lo publico, primero porque Teresa tiene ya varias entradas sobre su trabajo como doula en el que une coaching emocional y parto natural; segundo porque es algo en que la conexión entre los diversos niveles de la persona, biológico, emocional, racional y social se hace evidente, en este caso de un modo conflictivo, al menos no resuelto socialmente, tal como indica con fuerza Teresa. 

Escribo este artículo con tristeza y rabia. Tristeza porque nuestra supuesta sociedad 1223822477_0civilizada, es todavía incapaz de ver como algo natural el que una madre amamante a su hijo. He trabajado como médico en países en vías de desarrollo como Bolivia o Albania, en los que todo el mundo entendía que si un bebé se ponía a llorar, o estaba incómodo, la madre lo pusiera al pecho. Estuviera donde estuviera, en el autobús, en una tienda, en el mercado… Porque allí todo el mundo comprende que las necesidades del bebé son lo primero, y porque a nadie se le ocurre considerar a una madre amamantando como algo obsceno.

Por eso me planteo por qué aquí, que somos tan modernos y avanzados, que tenemos las marquesinas de los autobuses llenas de mujeres medio desnudas vestidas con sujetadores de Victoria´s Secret y similar, y nos sigue escandalizando que una mujer amamante en público. Por qué no decimos nada ante el top-less en playas y piscinas, y en cambio en esas mismas piscinas se expulsa a una madre que da de mamar. ¿Exagerada? Pues aquí están las pruebas de que lo que digo está pasando ahora:

Una carta en la Vanguardia en la que un hombre expresa su disgusto porque amamantar, “un acto íntimo”, se haya convertido en algo público (http://www.lavanguardia.com/participacion/cartas/20130815/54378574524/lactancia-publica.html)

Piscinas en las que ha expulsado a madres por amamantar: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=363148630455217&id=260824074021007&refid=17&ref=stream. Es decir, se puede ir en top-less, pero no se puede amamantar.

Y tiendas de ropa en las que nunca echarían a un niño que come un bollo, con los dedos llenos de chocolate (probablemente sólo le llamarían la atención a la madre para que se los limpie, no sea que ensucie la ropa), pero que no tienen problemas para echar a un bebé de 7 meses que está comiendo de la teta de su madre: http://centromimame.com/blog/?p=149#

Y siento que el problema es que hemos sexualizado tanto el pecho femenino, que ya no somos capaz de verlo en su misión original, en su función biológica. Somos mamíferos. La naturaleza dispuso los pechos de las hembras mamíferas para que sus crías pudieran alimentarse en los primeros meses o años de sus vidas (la especie humana, concretamente, se calcula que entre los 3 y los 7 primeros años debería consumir leche humana).

 La función de atracción sexual se construye en la evolución de la especie, sin vaciarla de su sentido biológico primario. Desmond Morris, en El mono desnudo, plantea la hipótesis de que ha jugado un papel clave en el acto sexual cuando la especie humana comienza a ser una especie erguida sobre los dos pies, su función ha sido propiciar  la atracción sexual por delante de modo que el acto sexual humano se puede hacer cara a cara, en situación de iguales, algo con inmensas repercusiones en el planteamiento social de hombres y mujeres. Todo ello a través de su función de conexión en los significados percibidos de sexualidad con la maternidad.

Hemos reducido el pecho a un objeto sexual, y por tanto lo hemos convertido en algo incómodo, que nos provoca sensaciones incómodas cuando lo vemos, que desearíamos relegar a la intimidad porque no nos gusta sentir lo que sentimos.

Y efectivamente, el amamantamiento es un acto sexual, igual que es un acto sexual comer, hablar con otra persona, darse un beso (en la mejilla) y darse la mano. Somos seres SEXUADOS, nuestra vida está llena de actos SEXUALES. Y cuanto antes lo aceptemos, mejor.

Cuando vemos a una chica con un gran escote, o en top-less, también nos podemos excitar, pero eso lo vemos como algo “natural”, aunque a menudo también se la culpe por “ir pidiendo guerra” (por desgracia todavía hay jueces que desestiman las demandas por violación, aduciendo que la mujer que pone la demanda llevaba una falta demasiado corta o un escote demasiado pronunciado).

Creo que todo este despliegue antilactancia que estamos viviendo en los últimos meses tiene que ver sobre todo con este puritanismo falso y trasnochado, que nos impide ver un amamantamiento como la manera más natural de dar de comer a un niño. Por supuesto que es un acto sexual, pero no considero que sea un acto sexual que pertenezca a la intimidad, ni siquiera en nuestra sociedad occidental. Igual que no pertenece a la intimidad un apretón de manos, una comida juntos, o un beso en la mejilla cuando te encuentras con alguien.

De hecho hay muchas sociedades en la que los actos sexuales con penetración tampoco pertenecen a la intimidad, toda la tribu participa de ellos en los rituales, y cuando una pareja quiere intimidad la busca.

Como diría mi marido, todo aquel que se sienta incómodo al ver a una mujer dar de mamar, se lo tiene que mirar él (o ella), no culpar a la mujer y a su niño, ese niño que ha tenido la “ocurrencia” y la “mala educación” de tener hambre cuando la madre no podía “ocultarse” para poder tener ese “acto íntimo” que es amamantar. En la mayoría de los casos estamos hablando de niños de meses, a los que no se les puede explicar por qué no les damos de comer cuando tienen hambre o de beber cuando tienen sed. Pero es que, por encima de todas estas consideraciones, lo natural, lo que estamos preparados para hacer como mamíferos, es amamantar. Lo natural, es amamantar cuando el niño y la madre quieren, donde el niño y la madre quieran, independientemente de que haya más o menos gente alrededor. Y si la madre es pudorosa, buscará lugares íntimos, y si la madre considera que es un acto natural, y que no tiene por qué sentir pudor, pues amamantará allá donde esté con su hijo.

Creo que el que existan salas de lactancia es un gran avance, pero las salas de lactancia deberían ser un lugar OPTATIVO, para esas madres pudorosas que son incapaces de amamantar en público, para esos niños nerviosos que se distraen con una mosca, pero no un sitio OBLIGATORIO en el que esconderse porque se está haciendo “algo feo”.

Será imposible que recuperemos las tasas de lactancia adecuadas, si seguimos teniendo www.once.esestos problemas para aceptar la naturalidad del acto sexual de amamantar. Considero que la educación emocional es fundamental para que situaciones como las que han tenido que vivir las madres a las que han echado de piscinas, restaurantes y centros comerciales no vuelvan a repetirse. Considero que la educación emocional es fundamental para ser conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos, para dejar de culpar a otros por tener esos sentimientos y pensamientos, y para empezar a ser responsables de ellos y actuar en consecuencia.

La doula. El papel del padre en el puerperio.

Entrada escrita por Teresa Escudero, doula emocional

15391428_sDurante el puerperio, de manera fisiológica, el cerebro de la madre se vuelca en el recién nacido. Esta “exclusividad” del deseo materno por el hijo, puede hacer que el padre se sienta “fuera de onda”, sin un papel claro, sin saber qué hacer.

Sabemos que el cerebro de la madre cambia durante el embarazo, las células embrionarias del bebé pasan al torrente sanguíneo y “renuevan” todo el cuerpo de la madre, creando nuevas conexiones neuronales, y estimulando precisamente ese cambio del que hablábamos al principio. Para la naturaleza, el importante es el recién nacido, así que cuando la criatura nace, se produce un “cóctel” hormonal, dominado por la prolactina, que propicia que la madre se centre en el hijo, y se olvide un poco de todo lo demás.

En estos momentos hay muchos tipos de familia, pero aquí voy a hablar exclusivamente de la familia tradicional heterosexual, en la que la pareja de la madre es el padre del niño (¡¡o por lo menos así lo cree él!!). Las familias monoparentales u homosexuales precisarían un artículo aparte.

Igual que cambia el cerebro de la madre, se ha comprobado que cuando el padre establece un vínculo con su hijo, su cerebro también cambia, se crean conexiones nuevas, su alerta está más activa (por eso los padres, al igual que las madres, también pueden dormir con los niños y el riesgo de “aplastarlos” es mínimo a menos que el padre haya tomado algún sedante o tenga una obesidad mórbida), y es característico que los “padres” mamíferos, sobre todo los que son mamíferos sociales, desarrollen un instinto de protección de la prole que supera su propia necesidad de supervivencia.

Hasta aquí lo que es “fisiológico”, es decir, lo que llevamos en los genes y se produce de manera natural, cuando todas las condiciones son adecuadas. ¿A qué me refiero con las condiciones adecuadas? Un padre necesita, igual que una madre, establecer contacto con el niño cuanto antes. Cuando un padre puede establecer contacto con su hijo de manera temprana, olerlo, tocarlo, acariciarlo, hacer piel con piel, hay algo que despierta en su cerebro primitivo. La mayoría de los padres con los que he hablado me cuentan que sienten una felicidad difícil de describir, mezclada con un sentimiento de responsabilidad y de deseo de protección de la criatura que tienen en brazos. Este sentimiento para mí tiene que ver con lo que yo llamo “instinto paternal”, porque parece muy generalizado y no tiene que ver con la idea que tenga el padre de lo que es “ser un buen padre” (imperativo cultural), o sus ideas sobre el género, sobre lo que tiene que hacer un hombre o una mujer.

Creo que el sentimiento de protección nos surge a todos cuando vemos un cachorro desvalido, sea de la especie que sea, pero en el caso de los padres ese sentimiento viene acompañado de la convicción de que, por proteger a su hijo, serían capaces de arriesgar su propia vida, a eso es a lo que yo llamo “instinto paternal”.

Como siempre, el problema es que nuestra sociedad ha complicado la situación desde el principio: No se valora el papel del padre, se le dan quince días de permiso para “hacer papeles” y luego se le manda a trabajar, por supuesto fuera de casa, y se le aleja de su mujer y de su hijo en el momento en que ellos más le necesitan. Además el sentimiento de ternura que siente el padre hacia el hijo también se ha censurado, por lo menos hasta hace poco. Si el hombre se emocionaba al coger a su hijo, si se le saltaban las lágrimas, si sentía la necesidad de acudir a su cuna simplemente para verlo, se le acusaba de ser “poco hombre”. El patriarcado, tan cruel con las mujeres, lo ha sido también con los hombres al robarles la experiencia plena de la paternidad.

En el padre se puede dar la sensación de extrañeza que describíamos en la madre, con el agravante de que, al no tocar al niño con tanta libertad como hace la madre (parece que limpiar al niño, hacerle un masaje, cambiarlo de ropa… también son “cosas de mujeres”, y a menudo los padres no hacen nada porque las madres, abuelas, tías, etc., ¡NO LES DEJAN!!!), y por supuesto, al no dar de mamar, esa falta de contacto puede provocar que el bebé se convierta efectivamente en un extraño para el hombre con el que comparte la mitad de su genética.

Es fundamental que la doula anime al padre a implicarse en las cosas que PUEDE hacer. Es decir… ABSOLUTAMENTE TODO, excepto dar de mamar. Y es fundamental que se le permita al padre hacer TODO, aunque tarde más, aunque se encuentre un poco torpe al principio. Cambiar a un niño, darle un masaje, bañarlo… son técnicas que todo el mundo puede aprender: ¡¡SÍ, los hombres también pueden!!

Algo específico de los padres es la sensación de que han perdido a su pareja. Es frecuente, por la escasa educación emocional de esta sociedad en general, y de los varones en particular, que sea la mujer la que está pendiente de los sentimientos de su pareja varón. La mujer es la “gestora emocional” de la pareja… pero cuando aparece el bebé, en general no puede estar “a dos bandas”.

Yo a los padres les suelo decir que cuando llega el bebé, en casa sólo hay sitio para un niño, el bebé. Con esto quiero decir que el padre tiene que “crecer” emocionalmente y hacerse cargo de sí mismo y de su mujer. Al convertirse en padre comienza su verdadera andadura como adulto, y este crecimiento emocional puede ser la experiencia más hermosa… o la más aterradora de su vida.

El padre, de repente y sin previo aviso, se encuentra con un montón de emociones nuevas. Emociones que no sólo no sabe nombrar, porque nadie le ha enseñado, sino que además se las encuentra, a veces por primera vez en su vida, “solo ante el peligro”. El padre se encuentra solo ante emociones que le embargan y le hacen perder el control sobre sí mismo. En medio de esta tormenta emocional, tiene al lado a una mujer puérpera que está viviendo su propio huracán, y ya no está disponible para él.

Este momento es especialmente delicado, y la doula puede hacer aquí de “catalizador”, explicando en cada momento cuáles son los sentimientos que están surgiendo, ayudando al padre a expresarlos y a pedir lo que necesita, al igual que lo hace con la madre. Las emociones básicas son iguales en todos los humanos, y nos informan de lo mismo. La doula tiene la misión de reconocerlas tanto en el padre como en la madre y de ayudarlos a reencontrarse.

Igual que la madre ha cambiado para siempre desde que se quedó embarazada, el padre cambia para siempre la primera vez que sostiene a su hijo en brazos. La escala de valores, las preocupaciones, los intereses, los proyectos y deseos… nunca vuelven a ser los mismos una vez que nace el hijo. La doula tiene que saber esto y ser espejo de esta situación para los padres y madres. Cuando nace el niño, ciertamente nace la familia, pero de algún modo muere la pareja tal y como era antes de la llegada del hijo. Es fundamental que la doula tenga claro que esta situación se puede parecer mucho a un duelo, y puede generar mucha tristeza, mezclada con la alegría de tener al niño que hemos deseado. De la buena gestión de ese duelo, del acompañamiento al padre durante los primeros meses de adaptación a la nueva situación, dependerá el establecimiento del vínculo entre el padre y su hijo, la recuperación de la pareja en su nuevo rol de padre y madre, y de alguna manera depende también el futuro de ese niño, de esa niña. Si algo he aprendido como pediatra es que la salud de los niños tiene muchísimo que ver con la salud emocional de los padres y madres.

Como doula, considero que recuperar la ternura en la relación padre-hijo, recuperar lo que yo llamo “instinto paternal”, es clave para construir una nueva forma de criar. Os dejo con unas reflexiones de una madre veterana, que ha querido hacer un homenaje a los padres, desde el amor y la aceptación, espero que os guste tanto como a mí. Este es el link: De madre a padre.