Sobre el miedo y los vínculos afectivos

Resumen: la zona de comodidad es el lugar donde nos sentimos seguros y cómodos. Ir saliendo de la zona de comodidad es ir traspasando barreras de miedo creciente. Yendo hacia afuera encontramos también que la vinculación es decreciente. Presencia no es lo mismo que presencia física. Nuestro espacio está configurado de este modo por nuestros afectos

Desde hace tiempo he utilizado una dinámica bastante conocida y popular, que aporta claridad para poder trabajar el miedo. Se trata de la figura adjunta, donde se ve una serie de círculos concéntricos. Primero una observación: La zona de terror no rodea enteramente la zona de riesgo, sino que son puntos o áreas concretas, situadas donde sea, pero donde nos da terror entrar, no queremos hacerlo de ningún modo.

En el medio de esos círculos se encuentra la zona de comodidad, el lugar donde nos sentimos seguros y cómodos (lugar en sentido amplio porque son diversos sitios, tanto personales, por ejemplo nuestra casa, como de trabajo, como lugares especiales para nosotros, un lugar en la playa o en la montaña donde nos sentimos a gusto, relajados). Es interesante realizar los círculos, en eso consiste el ejercicio, pensando en aspectos concretos, por ejemplo en nuestro trabajo: dónde nos sentimos cómodos, no solo en relación con tareas, sino también con personas.

Siempre había hecho el razonamiento desde el miedo. Ir saliendo de la zona de comodidad es ir traspasando barreras de miedo creciente. Se desde la molestia y el fastidio o la incomodidad, hasta zonas de incursión donde entramos de puntillas, o prevenidos, hasta zonas de riesgo con miedo ya claramente definido.

No había hecho el razonamiento desde la vinculación, que es una de las finalidades del sistema afectivo. Yendo hacia afuera encontramos miedo creciente y vinculación decreciente. De tal modo que cuanto más fuera menos presencia nuestra se encuentra. La vinculación regula también nuestra presencia. Así que donde sentimos miedo no estamos nosotros,  nuestra presencia desaparece y donde estamos vinculados nuestra presencia está.

Presencia no es lo mismo que presencia física. Amina, mi mujer, no está conmigo en este momento, se encuentra a cientos de kilómetros, y sin embargo la tengo presente, no dejo de tenerla presente. Está más presente que muchas cosas y personas que tienen cercanía física y que sin embargo no tienen para mi presencia, como muchas personas que me he encontrado esta mañana en el metro y a las que casi ni siquiera he visto.

Así que presencia y vinculación afectiva correlacionan positivamente. Vínculo afectivo es seguridad de la relación, y desde ahí tranquilidad, comodidad y seguridad para nosotros. Nuestro mundo, nuestro espacio está configurado de este modo por nuestros afectos, nuestros vínculos. El  sistema emocional es el que nos sitúa en el espacio.

El espacio, los lugares no son neutros para nosotros, se organizan según su vinculación afectiva con nosotros. Tienen una relación con nosotros que los organiza.

Voy a dejar aquí estas notas de observación que me parece pueden ser fructíferas sin sacar ahora más consecuencias, es mejor dejar que maduren

Qué significa un beso

Resumen: Un beso significa pertenencia al propio mundo. El afecto indica vinculación. La falta de besos indica distancia. Hay una diferencia entre darlo y recibirlo el rechazo del beso tiene un aspecto muy fuerte.

Esta entrada continúa la que se llama: Cuál es el valor de un beso: http://wp.me/p2KddV-4e

¿Qué significa dar un beso? Pienso que algo así como: ‘estoy dispuesto a protegerte’, ‘puedes confiar en mí’ o bien ‘puedes contar conmigo’. Este es claramente un componente fenomenológico del beso dado a los niños, cuanto más pequeños más. Con cada beso la madre les dice: ‘no te preocupes’, ‘estate seguro’, ‘velo por ti’. El afecto indica vinculación, compromiso, pertenencia al propio mundo personal. Por ello la falta de besos indica distancia, distancia afectiva. ¡Que clarísimo es esto en muchas ocasiones! Cuando escasean los besos, o mejor cuando se dan con dificultad empieza a faltar la confianza, aparece una grieta en la vinculación con esa persona, en su pertenencia al propio mundo. La persona siente algo así como: “no siento necesidad de ti” o “me eres cosa ajena”.

Esto es válido también para los besos de saludo. El saludo, aunque tiene un carácter convencional, tiene que ver con el reconocimiento de la otra persona (http://wp.me/p2KddV-1y) y el beso de saludo sitúa en esa dirección: «te reconozco como capaz de pertenecer a mi mundo, te doy la muestra de afecto como entrada».

Es interesante fijarse en la dificultad que de pronto los adolescentes encuentran en dar besos; ellos están en el momento de la formación de una intimidad propia (que se inicia a la vez que la esfera sexual irrumpe en lo biológico y lo comportamental, es importante esta idea que sexo e intimidad irrumpen a la vez), por eso tienen que empezar a escoger quién pertenece y quién no a su mundo personal. El niño da besos a quién le dice su madre, el adolescente reivindica esa autonomía («mi mundo voy a delimitarlo yo») y por eso aparece un tiempo de incertidumbre del beso, para decidir qué personas serán confirmadas y pasarán a pertenecer a su mundo afectivo de adulto.

¿Qué significa recibir un beso? Hay una diferencia entre darlo y recibirlo, aunque sólo sea porque el que lo da tiene un rol activo y el que lo recibe pasivo. Solo el beso en la boca permite la igualdad total y confunde los papeles del que da y del que recibe: es el beso recíproco, que apunta a un mundo común, a compartir mundos. En los demás casos, quien recibe el beso confirma con su aceptación del beso su pertenencia al mundo personal de quien lo da, pero su rol es pasivo, de simple aceptación.

Esta aceptación del beso es importante ya que el rechazo del beso tiene un aspecto muy fuerte: es difícil rechazar un beso, se percibe como rechazo del otro, ya que se rechaza que pertenezca al propio mundo. Por esta misma dificultad del rechazo (aunque sea simplemente saludo), cabe obligar con los besos cuando hay una fuerte vinculación. La dependencia afectiva, la que marcan los besos, es muy fuerte, seguramente la más fuerte en el ser humano.

Continuará…

Cuál es el valor de un beso

Resumen: ¿Cuánto cuesta un beso? ¿Cuál es el valor económico de un beso? el beso es el símbolo de lo gratis, de lo que no se puede comprar con dinero ¿Cuanto vale un beso? nadie tiene “derecho” a un beso, siempre es regalo. Con el beso delimito el territorio de lo que me es personal, íntimo.

 

Cualquier pregunta sobre el beso me parece una pregunta importante porque toda la dinámica afectiva tiene en el beso su expresión central. Así que me planteo muchas preguntas, la primera es: ¿Cuanto cuesta un beso? ¿Cuál es el valor económico de un beso? La respuesta es directa, todo el mundo diría lo mismo: nada, es gratis. Esto es tan claro que se podría decir que el beso es el símbolo de lo gratis, de lo que no se puede comprar con dinero, es el símbolo del regalo. Un beso es el regalo por excelencia, es más simboliza y acompaña cualquier regalo. Por eso lo doy si quiero y a quien quiero. Es algo que esta totalmente en mi dar o no. Muy importante también esto: si lo doy a quien quiero y es gratis, nadie tiene “derecho” a un beso, siempre es regalo.

Segunda pregunta: ¿Cuanto vale un beso? Esta pregunta por el valor del beso es interesante. La anterior dice ‘cuanto cuesta’, y hemos dicho que es gratis, se podría concluir, por tanto, que su valor es cero. Sin embargo, y aquí esta la sorpresa, es gratis, pero no porque no valga nada, sino porque no se puede pagar. Vamos a pensarlo como receptor: ¿Cuanto te daría por un beso? Aquí aparece el recuerdo de Becquer: «Por una mirada un mundo/ Por una sonrisa un cielo/ Por un beso …/ Yo no se lo que te daría por un beso». La respuesta del poeta es clara: no te lo puedo pagar o me lo regalas o yo no tengo dinero para pagarlo.

De lo dicho hasta ahora podemos establecer una constatación, por otra parte obvia: el coste del beso no es medible, no se mueve en el terreno de lo económico, de lo bienes mensura­bles, de la cantidad, de las matemáticas: todo eso nada tiene que ver con el beso, no nos dice nada sobre él. Por el contrario se puede decir que el beso me introduce en el mundo de lo personal: doy un beso a las personas que considero cercanas a mí.

El beso es un elemento afectivo que sirve para algo así como poner una marca, señalar a aquellas personas que entran en mi terreno personal. Es decir con el beso delimito el territorio de lo que me es personal, íntimo. Es decir, el mundo de los afectos, de los amores de la persona. ¿A quién beso?: a mi pareja, a mis hijos, a mi madre, a mi familia; y también objetos que simbolizan algo que, en general, ha costado mucho, que me son muy caros: el naufrago que besa la tierra al llegar, la copa de ganador, etc. Resumen: el mundo personal, lo que es valioso en «mi mundo». Valga un ejemplo un poco pedestre: el beso marca el terreno de mis afectos, como un perro su territorio levantando la pata, aunque en el caso del beso no se hace desde el punto de vista de advertencia a terceros, sino como el más fuerte indicador afectivo entre las dos personas implicadas.