Focalizar la emoción en 6 sencillos pasos

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Esta es la habilidad básica necesaria para una adecuada gestión emocional individual. destreza que todo docente del siglo XXI debe poseer.

Esta es también la herramienta central para el coaching emocional

Está basada en Leslie Greenberg (Terapia Focalizada en la Emoción) y en Eugene T. Gendlin (Focusing) y es el modo de acceder a la emoción para utilizarla como guía, tanto para fijar un objetivo al alumno como para fomentar su motivación.

151207 Focalizar la emoción en 6 sencillos pasos

Aprendizaje, juego y emociones

Recojo la idea fundamental de esta entrada de Samer Soufi: http://samersoufi.blogspot.com.es/2014/04/principios-esenciales-del-aprendizaje-y.html

Samer Soufi se plantea el éxito de los videojuegos en muy pocos años para conseguir enganchar a millones y millones de jugadores, partiendo de cero, es decir de su no existencia. Indica 4 leyes de la gamificación (aprendizaje a través del juego) por las que los juegos enganchan, leyes que yo voy a interpretar aquí desde el punto de vista emocional. Así que es interesante leer la entrada de Samer Soufi. Las citas entre comillas son siempre de esa entrada.

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Coral López y Carmen Valls. Coaching educativo.

Coral López Pérez y Carmen Valls Ballesteros. “Coaching educativo. Las emociones al servicio del aprendizaje”. Biblioteca de innovación educativa. Editorial SM.

Entrada escrita por Nuria Pérez Galán, profesora de secundaria.

En este libro, se presenta un modelo educativo, utilizando no sólo las Coachingherramientas del coaching, sino también del aprendizaje cooperativo y el aprendizaje experiencial.

Define el coaching como “una forma de acompañamiento que tiene por objetivo el aprendizaje, desarrollo y crecimiento de individuos o grupos de una forma personalizada”. Lo importante es que añaden que es la parte emocional o relacional la que potencia o limita el cambio.

Las autoras, desde un enfoque del coaching que se nutre fundamentalmente de corrientes sistémicas y psicodinámicas y del mundo de management, hacen referencia a lo largo de todo el libro a la importancia de las emociones en los procesos de aprendizaje y de cómo sólo si hay una adecuada gestión emocional es posible el cambio en los alumnos. Y proponen un cambio en las actitudes y herramientas no sólo de los profesores, sino también de los directores y equipos directivos de los centros para poder trabajar esto en los claustros, las aulas, con las familias y con los alumnos.

Para ello proponen un proceso de coaching experiencial que consta de 7 pasos:

  1. Definición del contrato. Establecimiento de límites, roles, reglas, expectativas… Lo sistematizan en la regla 3T+2R (tiempos, asignación de tareas, demarcación de territorios, distribución de roles y preservación de las reglas).
  2. Construcción de la relación. Aquí proponen el cambio del papel de profesor al de docente-coach, en el cual el profesor no es el experto, sino un facilitador del aprendizaje.
  3. Experiencia concreta. Abrir espacios en los que validar la experiencia del otro.
  4. Observación reflexiva del dilema o reto. En esta fase es en la que se generan posibles opciones y los obstáculos que encontramos para conseguir la meta.
  5. Generación de nuevo pensamiento. Se trata de generar nuevas creencias a partir de las fases anteriores.
  6. Integración de nuevos comportamientos. Planificación de una experimentación activa en la vida real a partir de los nuevos pensamientos generados.
  7. Cierre. Revisión del aprendizaje y de las sensaciones que se han producido en cada fase.

Aplicando este proceso en las aulas, se destaca la importancia del principio de curso para definir la tarea primaria del grupo, la misión y los valores dentro del aula, los derechos, deberes, normas, acuerdos, compromisos, reglas y procedimientos que van a imperar durante el curso, establecer un contrato psicológico en el que los alumnos recojan las expectativas que tienen del profesor y a la inversa y plantear los objetivos concretos que se plantean.

El cambio fundamental que propone este libro es sin duda el cambio de rol del profesor en el aula. Se trata de transformarse en un docente-coach, que tiene una serie de características, que a modo de las tres actitudes rogerianas, pretenden conseguir que la relación con los alumnos les permita ser como un catalizador del proceso de aprendizaje. Estas actitudes son:

  • No saber. El profesor no es la fuente de conocimiento. Son los alumnos quienes generan el aprendizaje.
  • Aprender a escuchar.
  • No juzgar.
  • Recoger la emoción. Dar espacio a las emociones, para poder nombrarlas, normalizarlas y poder pensar en ellas.
  • No reaccionar. Dejar un espacio para la reflexión entre la emoción y la acción.
  • Re-encuadrar. Generar nuevas perspectivas y con ello nuevas posibilidades.

Recogiendo todo lo anterior y basándose ya más en el aprendizaje cooperativo y experiencial que en el coaching, las autoras proponen un modelo didáctico y metodológico que llaman eCed (emocional, cooperativo, experiencial y dinámico). En él nos presentan un trabajo por rincones de aprendizaje en el que hay seis espacios que hay que recorrer en algún momento del proceso (motiva, enfoca, digiere, recuerda, critica, experimenta).

En los últimos capítulos del libro dedican un espacio para hablar de cómo conseguir un ambiente positivo en el aula para facilitar el aprendizaje, el trabajo de procesos de coaching grupal, la resolución de conflictos y el trabajo con las familias.

Finalmente hay un anexo en el que se presentan diferentes fichas que se pueden utilizar en el aula como herramientas para aplicar la metodología que se ha presentado. También a lo largo del libro propone dinámicas concretas que se pueden aplicar con los alumnos.

Opinión: Este libro presenta una aplicación del coaching a la escuela, fundamentalmente en el papel del profesor que se transforma en docente-coach. Tal vez queda un poco más difusa su aplicación en los procesos que propone, ya que parece que se da poca importancia a definir bien las metas individuales y grupales de los alumnos y a reflexionar sobre las opciones y obstáculos que se encuentran para conseguirlas (fundamental todo ello en los procesos de coaching). En cualquier caso, lo que destaca y desde mi punto de vista es especialmente importante es que propone la introducción del aspecto emocional en las aulas, generar espacios para que los alumnos puedan nombrar y reflexionar acerca de sus emociones, sin juzgarlas. Aunque la metodología pueda ser más o menos cuestionable, lo que está claro es que puede ser un buen libro para motivar a los profesores para el cambio, que ha de empezar por ellos mismos, para conseguir que sus alumnos consigan aprendizajes significativos, ayudándoles a gestionar sus emociones y haciendo de sus aulas lugares privilegiados para una educación integral. También ofrece herramientas muy concretas que se pueden utilizar en el aula.

Desde el punto de vista del coaching emocional se echa de menos una tipología emocional y la conexión central para convertir las emociones en guía de conducta: la conexión entre emoción y la necesidad de cada persona. También el libro deberá ser completado con las herramientas adecuadas para la gestión emocional. Aunque todo esto quizá ya es demasiado para un solo libro que tiene el mérito fundamental de apuntar en el camino correcto: el de un profesor en un docente-coach e indicar las vías para ello.