El papel del padre en la lactancia

Teresa Escudero Ozores. Médico Pediatra, Doula y coach emocional. http://nacerlactaramar.blogspot.com/

Quiero dedicar este artículo a todos esos hombres que ya han transitado por éste camino, y muy especialmente a los autores del libro “Una nueva paternidad”. Gracias, hombres, por vuestros testimonios. Recomiendo encarecidamente éste libro a todo papá que quiera ser partícipe de la crianza de su hijo (http://psicologiaceibe.blogspot.com.es/p/libro-una-nueva-paternidad.html)

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El llanto del bebé (2): ¿qué puedo hacer?

Entrada escrita por Teresa Escudero, médico pediatra, doula y coach emocional.

Esta es la segunda de 2 entradas sobre el llanto en el bebe. La primera se centró en ¿Por qué llora un bebé?

¿Y cuándo llora, qué puedo hacer?7052957_s

La necesidad básica de los seres humanos (y la de todos los primates superiores) es el contacto. El alimento es importante, qué duda cabe, pero mucho más importante es el contacto, como demostraron ya hace décadas los clásicos experimentos de Harlow con los monos.

Cuando un niño llora, lo primero que está pidiendo es cercanía, contacto, PRESENCIA. Según la personalidad del niño, algunos llorarán solo cuando lleven un tiempo solos, otros llorarán en cuando los padres hagan amago de dejarlos en la cuna (incluso cuando todavía están apartando los brazos, el simple hecho de separarse del torso del cuidador, despierta una angustia terrible en algunos niños). Este llanto, agobiante para muchos padres y madres, nos recuerda que, como mamíferos altriciales, necesitamos alguien que nos cuide, que nos acoja, que nos abrace. Esta necesidad es universal, y el llanto del niño nos recuerda todas esas veces en las que lloramos… y por desgracia no fuimos acogidos, cuidados, ni abrazados. Todas esas veces que nuestros padres hicieron caso al “experto” de turno y nos dejaron llorar, cuando nosotros necesitábamos consuelo. Por eso, a la sensación desagradable que todos tenemos programada por la naturaleza para defender a la cría, se añaden sensaciones y emociones aprendidas, sentimientos de desamparo y tristeza, dolores antiguos que el bebé aviva sin saberlo.

Cuando un niño llora, es porque siente dolor. El dolor puede ser físico, puede ser evidente en la exploración clínica que hay una incomodidad, gases, estreñimiento, una rozadura del pañal o de la ropita del bebé. Pero hay un dolor más profundo, el dolor emocional. Los niños lloran a menudo por estrés, porque venir a este mundo es tremendamente estresante. Yo a menudo les pido a los padres que intenten pensar que han pasado un fin de semana en un SPA, relajándose, disfrutando, con un “todo incluido”, comiendo y bebiendo cuando querían y como querían… Y el lunes hay que volver a trabajar. Ese lunes todo nos parece peor, nuestro jefe está más quisquilloso de lo habitual, nos cuesta lidiar con el tráfico, y cuando volvemos a casa no lloramos, pero no nos faltan ganas de hacerlo…¡con lo bien que se estaba en el SPA!!

El bebé lleva 9 meses en un entorno cálido, seguro, húmedo, sin nada que le roce, flotando, sostenido por el útero, con alimento y bebida constante, a través del cordón umbilical. A veces sufre el estrés que tiene mamá, pues le llegan sus catecolaminas a través de la placenta, pero la propia placenta se encarga de protegerle, de dosificar incluso esos momentos de estrés materno.

Y entonces nace: Y entonces, por primera vez en su vida siente hambre y sed. Por primera vez en su vida siente frío, o calor. Por primera vez en su vida escucha los ruidos a través de aire, sin el manto protector de la piel, el útero y el líquido amniótico. Por primera vez ve la luz, que cuando es brillante incluso hace daño.

El bebé se ha acostumbrado a un contacto constante, a un movimiento constante, a una alimentación constante, a un ruido de fondo constante (corazón, intestino, voces amortiguadas de fuera, la voz de mamá…). Y eso espera y necesita cuando sale. El lugar más aterrador para un bebé humano normal, es un lugar duro, frío, que no contenga ni se mueva, silencioso y donde no puede comer cuando lo necesita. ¿Os suena? Sí, el lugar más estresante para un bebé humano es una cuna (sobre todo si está en una habitación distinta de la de sus padres).

¿Cómo hacemos para que el niño llore menos? ¿Cómo aliviamos ese estrés?

Simplemente haciendo caso a nuestro instinto. Nuestro cuerpo, nuestra emoción, nos pide que cojamos a ese bebé, que abracemos el llanto, que consolemos la tristeza. Y, como suele suceder, el mensaje del cuerpo, el mensaje de la emoción, es verdadero.

¿Si lo cogemos se calmará? Pues no siempre. Hay niños que necesitan llorar mucho, los niños que han vivido con su mamá un embarazo más estresante, los niños cuyos partos han sido más instrumentalizados y menos respetados, los niños nacidos por cesárea, los niños a los que se ha intentado “enseñar a dormir” con cualquier método que incluya el dejarles llorar, normalmente tienen más necesidad de llorar ese estrés añadido, y acompañar su llanto puede ser agotador.

Por eso os invito a que, al acompañar el llanto de vuestro hijo, acompañéis también vuestros antiguos llantos, que al abrazar a vuestro hijo, abracéis a ese niño interno al que no abrazaron cuando lo necesitó, que al contener a vuestro hijo, seáis capaces de reconoceros vulnerables. Y si veis que no sois capaces, que duele demasiado, pedid ayuda. El puerperio es un momento excelente para indagar en nuestra infancia, en nuestros miedos, para rescatar a ese niño interno que necesita ser mirado, comprendido y acogido. Pedir ayuda, buscar alguien que nos contenga a nosotros y nos apoye, que nos abrace sin juzgarnos, incluso alguien que pueda coger a nuestro hijo y calmarlo cuando nosotros ya no podemos más, es ser un buen padre, es ser una buena madre, porque sólo estando atentos a nuestra propia emoción, seremos capaces de estar atentos a las emociones de nuestros hijos.

Los niños son grandes maestros, con su llanto nos invitan a llorar nuestro propio llanto, nos invitan a no reprimir la tristeza, la rabia o la simple incomodidad. Nos recuerdan que tenemos derecho a ser consolados, pero también el deber de consolar.

Que el llanto de nuestros hijos nos ayude a reconocernos y a consolarnos unos a otros. El mundo se convertirá en un lugar mucho más amable y más hermoso.

El llanto del bebé (1): ¿Por qué llora un bebé?

Entrada escrita por Teresa Escudero, médico pediatra, doula y coach emocional. Debido a que Teresa va poco a poco escribiendo sobre este tema de la crianza emocional: el cuidado de las emociones del bebe y de su madre y de su padre, he decidido añadir una categoría: CRIANZA EMOCIONAL, que estará dentro de la EDUCACIÓN EMOCIONAL: es su comienzo.  Me había resistido a incluirla por no pertenecer al ámbito de la escuela, sin embargo es un tema necesario, una base para comprender lo que viene después y tener una línea coherente de cuidado emocional. He incluido en la categoría todas las anteriores entradas de Teresa, así pueden ser fácilmente localizables en el blog.

Voy a hacer 2 entradas sobre el llanto en el bebe porque no he sido capaz de condensar lo que quería decir en el espacio de una sola entrada. La primera se va a centrar en ¿Por qué llora un bebé? La segunda va a ser sobre ¿Y cuándo llora, qué puedo hacer?.

“Es que llora por nada”, “es que es un llorón”, “tendrá hambre, claro, te empeñas en la teta, 17592529_sla teta, y así pasa”, “déjale llorar que se expanden los pulmones”…. Podría seguir con cientos, incluso miles de frases que abundan en la misma idea: Los bebés que lloran mucho son malos, lloran “sin motivo” y sólo para fastidiar o manipular a los padres.  A veces lloran porque tienen hambre, y entonces la solución es darles un biberón.

Esta idea absurda y sin ningún fundamento científico, se ha extendido como la pólvora, y en cientos de libros supuestamente serios y de supuestos expertos en neurología y educación, se abunda en ella para justificar métodos que sólo puedo calificar de tortura.

El llanto es el único medio de comunicación que posee el niño para expresar descontento, frustración, estrés, dolor, tristeza y, sí, también hambre (pero el llanto es una expresión tardía del hambre, si estamos atentos a otras señales, el niño nunca llegará a llorar por ese motivo). El llanto del niño se malinterpreta porque vivimos en una cultura adultocéntrica, fría y desconectada de los sentimientos más elementales, y aún más de las emociones y de las informaciones que nos aporta nuestro cuerpo.

Llevo catorce años trabajando como médico: Nunca en toda mi carrera he conocido a un padre o madre al que el llanto de su bebé no le desesperara. Nuestro cuerpo nos pide coger a ese niño, acunarle, ayudarle en ese llanto… Y a veces, la frustración de no poder, no saber cómo ayudarle, cómo consolarle, nos lleva a buscar soluciones extremas, irrespetuosas y absurdas, como el método de dejarle llorar con tiempos (método Ferber, Estivill, o como le queráis llamar), u otros similares.

No, en este artículo no hay fórmulas mágicas para que el niño “deje de llorar”. Sólo pretendo aportaros una visión diferente de las posibles causas del llanto y de cómo podemos acompañar cada uno de esos llantos. Algunas veces el acompañamiento calmará el llanto, otras no, y saber acompañar a nuestro hijo en ese momento también es fundamental.

¿Por qué llora un bebé?

Un bebé llora para COMUNICARSE. Estoy convencida de que para el bebé sería mucho más fácil podernos decir lo que le pasa, pero por desgracia nuestro cerebro es muy complejo, y el lenguaje aún más, así que la Naturaleza, sabia como es ella, ha programado un sistema de comunicación sencillo para los bebés, y también para los padres. Si el bebé está cómodo y contento duerme, gorjea, sonríe. Si el bebé está incómodo o triste, llora.

¿Por qué el llanto de un bebé es tan desagradable?

El llanto de un bebé SIEMPRE nos provoca una sensación de incomodidad, y así lo ha dispuesto la naturaleza, para asegurarse la supervivencia de ese bebé. Ante el llanto de un bebé todo adulto mínimamente sano (los psicópatas no, claro, pero estamos hablando de personas normales), siente el deseo de dejarlo todo y acudir a donde esté ese niño, para calmar el llanto. Este mecanismo ha asegurado la supervivencia del bebé durante siglos, en los albores de la humanidad las mamás australopitecus atendían el llanto de su bebé…  si un bebé se quedaba tumbado tranquilo, sin llorar, había muchas posibilidades de que se lo comiera un león, o cualquier gran carnívoro que hubiera en aquella época. Todos somos descendientes de llorones.

Amamantar es un acto natural en la especie humana

Artículo escrito por Teresa Escudero en el que expone con pasión su opinión sobre la lactancia pública. Aunque el tema no es directamente de los que se ocupa este blog, lo publico, primero porque Teresa tiene ya varias entradas sobre su trabajo como doula en el que une coaching emocional y parto natural; segundo porque es algo en que la conexión entre los diversos niveles de la persona, biológico, emocional, racional y social se hace evidente, en este caso de un modo conflictivo, al menos no resuelto socialmente, tal como indica con fuerza Teresa. 

Escribo este artículo con tristeza y rabia. Tristeza porque nuestra supuesta sociedad 1223822477_0civilizada, es todavía incapaz de ver como algo natural el que una madre amamante a su hijo. He trabajado como médico en países en vías de desarrollo como Bolivia o Albania, en los que todo el mundo entendía que si un bebé se ponía a llorar, o estaba incómodo, la madre lo pusiera al pecho. Estuviera donde estuviera, en el autobús, en una tienda, en el mercado… Porque allí todo el mundo comprende que las necesidades del bebé son lo primero, y porque a nadie se le ocurre considerar a una madre amamantando como algo obsceno.

Por eso me planteo por qué aquí, que somos tan modernos y avanzados, que tenemos las marquesinas de los autobuses llenas de mujeres medio desnudas vestidas con sujetadores de Victoria´s Secret y similar, y nos sigue escandalizando que una mujer amamante en público. Por qué no decimos nada ante el top-less en playas y piscinas, y en cambio en esas mismas piscinas se expulsa a una madre que da de mamar. ¿Exagerada? Pues aquí están las pruebas de que lo que digo está pasando ahora:

Una carta en la Vanguardia en la que un hombre expresa su disgusto porque amamantar, “un acto íntimo”, se haya convertido en algo público (http://www.lavanguardia.com/participacion/cartas/20130815/54378574524/lactancia-publica.html)

Piscinas en las que ha expulsado a madres por amamantar: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=363148630455217&id=260824074021007&refid=17&ref=stream. Es decir, se puede ir en top-less, pero no se puede amamantar.

Y tiendas de ropa en las que nunca echarían a un niño que come un bollo, con los dedos llenos de chocolate (probablemente sólo le llamarían la atención a la madre para que se los limpie, no sea que ensucie la ropa), pero que no tienen problemas para echar a un bebé de 7 meses que está comiendo de la teta de su madre: http://centromimame.com/blog/?p=149#

Y siento que el problema es que hemos sexualizado tanto el pecho femenino, que ya no somos capaz de verlo en su misión original, en su función biológica. Somos mamíferos. La naturaleza dispuso los pechos de las hembras mamíferas para que sus crías pudieran alimentarse en los primeros meses o años de sus vidas (la especie humana, concretamente, se calcula que entre los 3 y los 7 primeros años debería consumir leche humana).

 La función de atracción sexual se construye en la evolución de la especie, sin vaciarla de su sentido biológico primario. Desmond Morris, en El mono desnudo, plantea la hipótesis de que ha jugado un papel clave en el acto sexual cuando la especie humana comienza a ser una especie erguida sobre los dos pies, su función ha sido propiciar  la atracción sexual por delante de modo que el acto sexual humano se puede hacer cara a cara, en situación de iguales, algo con inmensas repercusiones en el planteamiento social de hombres y mujeres. Todo ello a través de su función de conexión en los significados percibidos de sexualidad con la maternidad.

Hemos reducido el pecho a un objeto sexual, y por tanto lo hemos convertido en algo incómodo, que nos provoca sensaciones incómodas cuando lo vemos, que desearíamos relegar a la intimidad porque no nos gusta sentir lo que sentimos.

Y efectivamente, el amamantamiento es un acto sexual, igual que es un acto sexual comer, hablar con otra persona, darse un beso (en la mejilla) y darse la mano. Somos seres SEXUADOS, nuestra vida está llena de actos SEXUALES. Y cuanto antes lo aceptemos, mejor.

Cuando vemos a una chica con un gran escote, o en top-less, también nos podemos excitar, pero eso lo vemos como algo “natural”, aunque a menudo también se la culpe por “ir pidiendo guerra” (por desgracia todavía hay jueces que desestiman las demandas por violación, aduciendo que la mujer que pone la demanda llevaba una falta demasiado corta o un escote demasiado pronunciado).

Creo que todo este despliegue antilactancia que estamos viviendo en los últimos meses tiene que ver sobre todo con este puritanismo falso y trasnochado, que nos impide ver un amamantamiento como la manera más natural de dar de comer a un niño. Por supuesto que es un acto sexual, pero no considero que sea un acto sexual que pertenezca a la intimidad, ni siquiera en nuestra sociedad occidental. Igual que no pertenece a la intimidad un apretón de manos, una comida juntos, o un beso en la mejilla cuando te encuentras con alguien.

De hecho hay muchas sociedades en la que los actos sexuales con penetración tampoco pertenecen a la intimidad, toda la tribu participa de ellos en los rituales, y cuando una pareja quiere intimidad la busca.

Como diría mi marido, todo aquel que se sienta incómodo al ver a una mujer dar de mamar, se lo tiene que mirar él (o ella), no culpar a la mujer y a su niño, ese niño que ha tenido la “ocurrencia” y la “mala educación” de tener hambre cuando la madre no podía “ocultarse” para poder tener ese “acto íntimo” que es amamantar. En la mayoría de los casos estamos hablando de niños de meses, a los que no se les puede explicar por qué no les damos de comer cuando tienen hambre o de beber cuando tienen sed. Pero es que, por encima de todas estas consideraciones, lo natural, lo que estamos preparados para hacer como mamíferos, es amamantar. Lo natural, es amamantar cuando el niño y la madre quieren, donde el niño y la madre quieran, independientemente de que haya más o menos gente alrededor. Y si la madre es pudorosa, buscará lugares íntimos, y si la madre considera que es un acto natural, y que no tiene por qué sentir pudor, pues amamantará allá donde esté con su hijo.

Creo que el que existan salas de lactancia es un gran avance, pero las salas de lactancia deberían ser un lugar OPTATIVO, para esas madres pudorosas que son incapaces de amamantar en público, para esos niños nerviosos que se distraen con una mosca, pero no un sitio OBLIGATORIO en el que esconderse porque se está haciendo “algo feo”.

Será imposible que recuperemos las tasas de lactancia adecuadas, si seguimos teniendo www.once.esestos problemas para aceptar la naturalidad del acto sexual de amamantar. Considero que la educación emocional es fundamental para que situaciones como las que han tenido que vivir las madres a las que han echado de piscinas, restaurantes y centros comerciales no vuelvan a repetirse. Considero que la educación emocional es fundamental para ser conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos, para dejar de culpar a otros por tener esos sentimientos y pensamientos, y para empezar a ser responsables de ellos y actuar en consecuencia.

Gestión emocional del puerperio: El papel de la doula.

Entrada escrita por Teresa Escudero, doula emocional

Resumen: preciosas indicaciones para la gestión emocional del puerperio. Breves indicaciones sobre cada una de las emociones básicas: alegría, tristeza, enfado, miedo, sorpresa, asco

Suelo llamar al proceso del puerperio “El gran descubridor”. 10140804_sDurante el puerperio, la madre va a experimentar toda una avalancha de sensaciones, emociones, pensamientos, sentimientos….  Todo aparece, los miedos, las inseguridades, los dolores pasados y presentes, las dudas, la incertidumbre, todas y cada una de las sombras de nuestro espíritu, todos y cada uno de las cosas que no nos hemos dicho, que  nos hemos ocultado a nosotras mismas, son puestas al “descubierto” durante el puerperio. Por eso puede ser un tiempo tan maravilloso como aterrador. Y no, no tiene nada que ver con “las hormonas”. Tiene que ver con la gestión emocional, de la que tanto hablamos y tan poco utilizamos, sobre todo cuando hablamos con nosotros mismos (siempre es más fácil gestionar al otro, acompañar las emociones de otro, acoger las emociones de otro… con las nuestras, suele costarnos un poquito más).

Voy a hacer un repaso de las emociones básicas, sus peculiaridades durante el puerperio, y cómo una doula puede acompañarlas y ayudar a la mamá a gestionarlas.

ALEGRÍA: Es fácil de gestionar, pues sólo requiere acompañamiento y celebración. En el puerperio es la emoción “que se supone”, parecería que las madres recientes “tienen” que estar felices y satisfechas. Tiene sentido, por supuesto, la alegría nos informa de que hemos conseguido una meta, y en el puerperio lo que hemos conseguido es conocer por fin la carita de nuestro hijo o hija. Esto produce mucha alegría, y es fundamental acompañarla incondicionalmente. Nada hay que “desinfle” más a una puérpera que el de al lado no pueda disfrutar de su alegría. La doula tiene que evitar los comentarios tipo: “qué alegre estás… y con la pena que yo tengo de que no lo pueda conocer su abuelo(u otro familiar difunto)”, “hija, estás tan contenta que da hasta asco”, “ya, ya, ahora estás muy contenta, ya verás cuando crezca, los disgustos que te va a dar”, “uy, qué pegadita la tienes, ésta no te la despegas en la vida, ya te arrepentirás” (ojo, todos son comentarios verídicos que he escuchado y he tenido que gestionar en mis acompañamientos). En los momentos en que la madre está alegre, lo ideal sería que todos a su alrededor participaran de esa alegría y celebraran con ella esa felicidad.

TRISTEZA: También muy presente en el puerperio, es frecuente que a las madres se las censure en esos momentos de tristeza. Parece como si sólo tuviera derecho a estar feliz… y cuando no es así todo el entorno se agobia. Tan normal y sano en el puerperio es estar feliz como estar triste. Porque la tristeza nos informa de que hemos perdido algo, y en el puerperio una madre pierde muchas cosas, y según cómo haya sido el parto, la gestión de esas pérdidas puede ser muy dura. Una madre se pierde a sí misma durante el puerperio. Su cuerpo ha dejado de ser el mismo, ha perdido la barriguita a la que tanto le costó acostumbrarse, que estaba deseando dejar atrás… pero ahora que no la tiene la echa de menos. Su mente también ha cambiado, es incapaz de concentrarse en algo que no sea su niño, las mamás con una intensa vida profesional antes del embarazo pueden sentir una pérdida importante, y por tanto tristeza. La vida social, la manera de relacionarse con el mundo una vez que se tiene un hijo, ya nunca será igual, y aceptarlo cuesta, es una pérdida que también nos entristece (por mucho que deseáramos al niño y por muy mentalizados que estuviéramos sobre la cuestión)

Si además de todo, el parto ha sido instrumentalizado, no respetado, si la mujer siente que “se ha perdido algo”, o peor aún, que le han robado su momento (y el parto es un momento fundamental en la vida de una mujer), puede sentir tristeza (y también enfado, pero de ese ya hablaremos más adelante). Así, el trabajo de la doula en los momentos de tristeza es acompañar y permitir el llanto de la madre, tanto como relajar y tranquilizar a los acompañantes, explicando que es un proceso normal y que la madre lo único que necesita es un hombro sobre el que llorar y desahogarse (ideal si el hombro puede ser el de la pareja, pero si no es posible, los hombros de las amigas y amigos, de los familiares cercanos, y de la doula, tienen que estar a disposición de la madre), y tiempo para asumir las pérdidas inherentes al proceso de traer una nueva vida al mundo.

ENFADO: Esta emoción es compleja porque  en general se censura, y no es extraño que las mujeres disfracemos el enfado de tristeza, una emoción más “aceptable” en una mujer. El  enfado nos informa de que se han sobrepasado nuestros límites y nos da la energía necesaria para “atajar” la situación que ha provocado ese agotamiento de nuestra paciencia. La expresión sana del enfado es algo tremendamente necesario en esta sociedad, porque en general gestionamos el enfado o de forma agresiva (más aceptable en los hombres) o de forma pasiva (más aceptable en las mujeres), atacando o resignándonos. Aristóteles decía que enfadarse es fácil, que lo difícil era enfadarse con la persona correcta, en el momento adecuado, y con la intensidad adecuada. Tenemos que aprender mucho sobre la gestión del enfado (yo la primera, os confieso que me cuesta muchísimo expresar adecuadamente mi enfado, y trabajo cada día para conseguir el ideal aristotélico). A una puérpera le cuesta especialmente gestionar su enfado, primero por el hecho de ser mujer en una sociedad que tolera mal que las mujeres pongan límites (a sus familias, maridos, jefes, a los hombres en general…), y segundo porque el puerperio es un proceso que tiene que ver sobre todo con acoger y proteger, y biológicamente la mujer puérpera está llena de oxitocina y prolactina, hormonas “antienfado” por excelencia. La doula tendrá que estar muy atenta a los pequeños signos de enfado, para animar a la mujer a poner límites. También puede “aliarse” con la pareja de la mujer, o con algún familiar, para que ayuden a la puérpera a decir que no, a enfadarse, vamos, para entendernos, para echar a las visitas cuando ya empiecen a molestar!!!

MIEDO: Otra emoción básica que es muy frecuente en el puerperio. El miedo nos informa de que algo puede ser peligroso, nos insta a huir o a escondernos, y esa huída puede expresarse de múltiples maneras: Dejar al niño al cuidado de otros, no responsabilizarse de él, evitar cogerlo, bañarlo, etc… La doula deberá estar atenta a estos signos para “destapar” la emoción subyacente. Durante el puerperio todo es nuevo, y en general lo nuevo, lo desconocido, nos provoca miedo. Por  tanto el miedo será una emoción que tengamos que gestionar a menudo. Es fundamental que la doula ayude a la madre y a la familia en general a expresar los miedos claramente, pues muchas veces la inseguridad, el miedo al coger al niño, la tensión que nuestros cuerpos soportan en esos primeros días, se “transmiten” al bebé, que al captar que el cuerpo que le coge está tenso, lo vive como una experiencia de inseguridad, y llora porque no sabe qué está ocurriendo. Yo animo a las mamás a que expliquen a su bebé qué les “pasa por dentro”, si están asustadas, si no saben qué hacer, si se desesperan… que lo verbalicen, que lo cuenten, que se lo cuenten al pequeño. Simplemente hablando podemos darnos cuenta de que el miedo se diluye. El miedo nos paraliza sobre todo si no hablamos de él ni lo hacemos consciente, cuando lo enfrentamos, somos capaces de ponerlo en su justa medida, de darnos cuenta de que no era para tanto. Es importante informar a la madre de todas las cosas que le pueden pasar al niño y que son normales: pequeñas ronchas en la cara, quejidos durante el sueño, llantos sobre todo a última hora de la tarde, gases… y darle herramientas para mejorar esas pequeñas molestias, que se sienta capacitada para ayudar a su bebé en el tránsito del mundo uterino al mundo extrauterino.

Muy importante es que la doula gestione sus propios miedos, y pida ayuda ante situaciones que no se le hayan presentado antes o para las que no tenga respuesta. Igual que los coach emocionales necesitan de vez en cuando convertirse en coachees, la doula necesita de vez en cuando ser “douleada”.

14995171_sSORPRESA: Como el miedo, tiene que ver con lo que no conocemos, pero nos despierta curiosidad, no la reacción de huída típica del miedo, sino una reacción más bien de acercamiento. Suele ser fácil de gestionar, porque provoca una alegría interna con cada descubrimiento. Yo, tras años y años trabajando con niños, me sigo sorprendiendo de las enormes capacidades que tienen los recién nacidos, de cómo se “agarran” a la vida, de cómo son capaces de superar cosas que ningún adulto podría. Me sorprende la expresión sabia de sus ojos cuando te miran, que parece que te atraviesan, que saben lo que piensas y lo que sientes. Me sorprende su infinita necesidad de ternura y suavidad, y cómo responden cuando la reciben. Y sí, me sorprende la enorme capacidad de amor y sacrificio que tienen la mayoría de las madres. Una madre me contaba que ella se sentía culpable porque no sentía amor por su hijo. Le pedí que me lo explicara, porque para mí era evidente que ese amor existía, en cómo acariciaba a su hijo, en cómo lo miraba…. Ella me dijo que su mente sabía que el niño necesitaba eso, y que por eso se lo daba, pero no lo sentía en su corazón. Este sentimiento de extrañeza es más frecuente de lo que se pudiera imaginar, y tiene que ver con la sorpresa. Todas las madres y padres se han hecho una imagen de su hijo… que normalmente no tiene nada que ver con la imagen del niño REAL, y esa diferencia entre su hijo imaginado y el real les causa sorpresa y extrañeza. En algunas madres la extrañeza es tal que llegan a tener la idea falsa de que les han cambiado al niño, que “ese” no es su hijo o hija. Es fundamental que la doula hable de este tipo de sentimientos con los padres, incluso ANTES del nacimiento del niño, que comprendan que son sentimientos TOTALMENTE NORMALES, que conocer a su hijo es un poco como enamorarse, que se abran a las sorpresas que les trae ese pequeño ser, a las sorpresas que implican crear una familia.

ASCO: El asco nos informa de que hay algo en nuestra vida que tenemos que eliminar, que sacar fuera, que “vomitar”. En el puerperio es frecuente que ciertas cosas que antes nos gustaban, o nos eran indiferentes, empiecen a darnos asco. Muchas madres fumadoras me cuentan que durante el puerperio el humo del tabaco las hacía vomitar, igual que en el embarazo (otras habrían deseado que fuera así, para que fuera más fácil dejar de fumar!!!), o madres que adoraban un tipo de comida y en el puerperio no pueden ni probarla. Más duro es cuando nos dan “asco” algunas personas cercanas. E incluso trágico si el que nos inspira esa emoción es nuestra pareja, o incluso nuestro recién nacido. Es imprescindible que la doula ayude a la madre a expresar esta emoción, que cuando se refiere a nuestra pareja o hijo suele ser pasajera y estar en relación con algún trauma, ya sea infantil o durante el parto, a la sensación de haber sido “violada” o violentada de algún modo. Por desgracia vivimos en un país en el que la violencia obstétrica es algo que está a la orden del día, el número de mujeres que se han sentido violentadas o agredidas durante el parto sigue siendo demasiado elevado, y aunque se van abriendo iniciativas para humanizar el parto, para intervenirlo lo menos posible, para dar intimidad y voz a las mujeres, aún son tímidas y no están todo lo implantadas que sería deseable. La doula tiene que estar especialmente atenta cuando ha acompañado un parto muy intervenido, o que ha terminado en cesárea, ya que en este caso el establecimiento del vínculo con el bebé es más complejo (al igual que es más compleja la lactancia materna), y la emoción del asco en relación con el bebé, con la pareja, o con la esfera sexual en general, puede aparecer incluso meses después.

Espero que este breve repaso os haya sido útil. El mundo de la gestión emocional es complejo y mucho de lo que aquí pongo tiene que ver con mi opinión y mi experiencia personal, animo a todas las doulas (realmente yo animo a todas las personas, pero especialmente a aquellas que trabajan con otras personas, y aún más a los que son padres y madres o desean serlo) a formarse en gestión emocional y a encontrar su propio camino.

La doula: Un coach emocional del embarazo, parto y puerperio

Entrada elaborada a la par con Teresa Escudero, médico de familia, doula y coach emocional. He decidido mantener la primera persona con la que me ha enviado sus anotaciones e ideas.dos mujeres

Resumen: Doula viene del griego: la esclava que atendía a las mujeres en los partos. El simple acompañamiento de una doula, reduce la necesidad de analgesia en el parto, disminuye las complicaciones y la medicalización. Acompaña en el viaje emocional y de sensibilidad que supone el embarazo. La doula puede servir de canal de comunicación en la pareja. Recuperar el espacio del hombre en el nacimiento del hijo: la paternidad. Las herramientas del coaching emocional, son un plus para cualquier doula.

Hoy en día, si no sabes lo que significa una palabra, la buscas en la Wikipedia. Allí se define a las doulas como: «una asistente sin titulación oficial que proporciona información, apoyo físico y emocional a las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto».

Y supongo que es eso… y, desde luego, mucho más.

Doula viene del griego, y es el término que se utilizaba para designar a la esclava que atendía a las mujeres en los partos. En Grecia es un término peyorativo, por lo que allí prefieren llamarse asistentes de parto. Aquí tenemos los términos “comadrona” y “comadre”, que a mí personalmente me gustan porque apuntan en directo a lo que sucede entre la doula y la mujer embarazada. Con una comadre puedes reír y llorar, puedes compartir desde lo profundo y bromear, puedes quitarte las máscaras y ser tú misma.

Desde el punto de vista científico, se ha demostrado que el simple acompañamiento de una doula, reduce la necesidad de analgesia en el parto, disminuye las complicaciones y la medicalización del mismo, en resumen, le hace recuperar ese carácter natural que el parto tiene en la biología y las emociones femeninas. Sólo por esto ya merecería la pena que toda mujer embarazada pudiera beneficiarse del acompañamiento de una doula.

¿Por qué sucede esto? Pues sobre todo depende de la oxitocina. La oxitocina se ha dado en llamar la «hormona del amor», pero yo prefiero llamarla la «hormona de los orgasmos». Todo lo que tiene que ver con el placer está bañado en oxitocina, por supuesto los orgasmos sexuales, pero también el placer de tener una charla con buenas amigas, el placer de conversar y compartir con otras personas, el placer de amamantar… y el placer de dar a luz.

Sé que el último «placer» ha hecho removerse a más de una mujer en la silla. ¿Placer? ¿Pariendo? Pues sí, la hormona que nuestro cuerpo produce en todos estos casos es la misma, la oxitocina, así que realmente el parto, por naturaleza, está preparado para ser un proceso PLACENTERO.

Comprendo que en la sociedad actual a menudo no es así… por eso me parece necesaria la figura de la doula.

La doula favorece las emociones positivas en la mujer embarazada: La acompaña en el embarazada1viaje emocional y de sensibilidad que supone el embarazo, con todas las memorias que aparecen, los antiguos dolores de la infancia, del propio nacimiento de la mujer embarazada, la acompaña en los miedos al dolor y a la muerte, que son inherentes al parto. Ocasionalmente la doula resuelve dudas que no se atreve a consultar con los médicos, aunque nunca sustituya su consejo, sino que lo refuerza.

La doula acompaña durante el parto, ESTÁ, en el mejor sentido de la palabra. Está callada cuando la parturienta necesita silencio, da ánimos si es lo que se requiere, acaricia, acoge, canta, acuna… Cada doula ESTÁ a su manera, con su estilo, con su SER, su presencia.

La doula también vive el puerperio al lado de la nueva madre y de su pareja, acompaña en las primeras decisiones de crianza: Tipo de lactancia, creación del vínculo… en fin, acompaña también en el nacimiento de la nueva familia, pues con cada nuevo niño nace una nueva familia.

Aunque la doula se ha considerado una figura acompañante de la madre, quiero reivindicar también el acompañamiento de la pareja. Siento que en la nueva maternidad por venir, habrá que incluir mucho más a los padres de las criaturas. Siento que los hombres necesitan recuperar su espacio en la maternidad y que esta sea de nuevo un espacio de maternidad/paternidad, y creo que las doulas podemos ayudar a que eso ocurra. La doula puede servir de canal de comunicación en la pareja, en este momento en que tantas cosas están cambiando. De nuevo vuelvo a la biología, al cuerpo. Se ha comprobado que tanto el cerebro de las madres como el de los padres, cambia después del nacimiento de su hijo. Se crean nuevas conexiones y aprenden a funcionar de otra manera. Si fuera informática podría decir que de algún modo se pasa del «modo pareja» al «modo papá y mamá». Este cambio biológico proporciona las mejores condiciones para un trabajo emocional intenso y constructivo.

Creo que una doula que esté atenta a todos estos cambios, puede convertirse en coach emocional para la pareja durante el proceso del embarazo, parto y puerperio. Para mí, las herramientas del coaching emocional, con las que trabajo desde hace años, son un plus para cualquier doula. Precisamente la atención hacia la sensibilidad y las emociones de esta corriente del coaching, es lo que la convierte en tan adecuada a esta actividad, que también se basa en aceptar y seguir la sensibilidad y las emociones del cuerpo.

Ya se ve que me pongo en la línea de la necesidad de renovar todas nuestras ideas sobre el embarazo, el parto y la crianza. Desde luego las doulas van a ser uno de los agentes de ese cambio.

(cuadro: Dos mujeres. Víctor Manuel García. Propiedad Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana)