ABC de cómo gestionar cada emoción básica

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151102 Qué hacer por emociones básicas

Educar desde la alegría

En un pasillo de un colegio me encontré la siguiente frase de Oscar Wilde: «quieres niños buenos, hazlos felices» y me parece que acierta con el núcleo más importante de la educación: quieres que los niños aprendan, enseña desde la alegría. La emoción positiva de la alegría es el contexto necesario en el que se da el aprendizaje.

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Sentimientos sociales, una clasificación

Esta entrada es deudora de Leslie S. Greenberg y Rhonda N. Goldman, Emotion-Focused Couples Therapy. The dynamics of emotion, love and Power. American Psycological Assotiation, Washington DC, 2008. Los aciertos hay que imputárselos a ellos, los errores corren de mi cuenta.

Los humanos tenemos una amplia serie de sentimientos de carácter social, es decir que 15174088_sestán diseñados para detectar los vínculos con otros seres humanos y para evaluar dichos vínculos. En esta entrada no vamos a describirlos ni a hacer una valoración de ellos, sino solo a establecer su existencia haciendo una clasificación. Estos sentimientos sociales se dividen en dos grandes grupos: sentimientos de afiliación y sentimientos de dominio.

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Gestión emocional del puerperio: El papel de la doula.

Entrada escrita por Teresa Escudero, doula emocional

Resumen: preciosas indicaciones para la gestión emocional del puerperio. Breves indicaciones sobre cada una de las emociones básicas: alegría, tristeza, enfado, miedo, sorpresa, asco

Suelo llamar al proceso del puerperio “El gran descubridor”. 10140804_sDurante el puerperio, la madre va a experimentar toda una avalancha de sensaciones, emociones, pensamientos, sentimientos….  Todo aparece, los miedos, las inseguridades, los dolores pasados y presentes, las dudas, la incertidumbre, todas y cada una de las sombras de nuestro espíritu, todos y cada uno de las cosas que no nos hemos dicho, que  nos hemos ocultado a nosotras mismas, son puestas al “descubierto” durante el puerperio. Por eso puede ser un tiempo tan maravilloso como aterrador. Y no, no tiene nada que ver con “las hormonas”. Tiene que ver con la gestión emocional, de la que tanto hablamos y tan poco utilizamos, sobre todo cuando hablamos con nosotros mismos (siempre es más fácil gestionar al otro, acompañar las emociones de otro, acoger las emociones de otro… con las nuestras, suele costarnos un poquito más).

Voy a hacer un repaso de las emociones básicas, sus peculiaridades durante el puerperio, y cómo una doula puede acompañarlas y ayudar a la mamá a gestionarlas.

ALEGRÍA: Es fácil de gestionar, pues sólo requiere acompañamiento y celebración. En el puerperio es la emoción “que se supone”, parecería que las madres recientes “tienen” que estar felices y satisfechas. Tiene sentido, por supuesto, la alegría nos informa de que hemos conseguido una meta, y en el puerperio lo que hemos conseguido es conocer por fin la carita de nuestro hijo o hija. Esto produce mucha alegría, y es fundamental acompañarla incondicionalmente. Nada hay que “desinfle” más a una puérpera que el de al lado no pueda disfrutar de su alegría. La doula tiene que evitar los comentarios tipo: “qué alegre estás… y con la pena que yo tengo de que no lo pueda conocer su abuelo(u otro familiar difunto)”, “hija, estás tan contenta que da hasta asco”, “ya, ya, ahora estás muy contenta, ya verás cuando crezca, los disgustos que te va a dar”, “uy, qué pegadita la tienes, ésta no te la despegas en la vida, ya te arrepentirás” (ojo, todos son comentarios verídicos que he escuchado y he tenido que gestionar en mis acompañamientos). En los momentos en que la madre está alegre, lo ideal sería que todos a su alrededor participaran de esa alegría y celebraran con ella esa felicidad.

TRISTEZA: También muy presente en el puerperio, es frecuente que a las madres se las censure en esos momentos de tristeza. Parece como si sólo tuviera derecho a estar feliz… y cuando no es así todo el entorno se agobia. Tan normal y sano en el puerperio es estar feliz como estar triste. Porque la tristeza nos informa de que hemos perdido algo, y en el puerperio una madre pierde muchas cosas, y según cómo haya sido el parto, la gestión de esas pérdidas puede ser muy dura. Una madre se pierde a sí misma durante el puerperio. Su cuerpo ha dejado de ser el mismo, ha perdido la barriguita a la que tanto le costó acostumbrarse, que estaba deseando dejar atrás… pero ahora que no la tiene la echa de menos. Su mente también ha cambiado, es incapaz de concentrarse en algo que no sea su niño, las mamás con una intensa vida profesional antes del embarazo pueden sentir una pérdida importante, y por tanto tristeza. La vida social, la manera de relacionarse con el mundo una vez que se tiene un hijo, ya nunca será igual, y aceptarlo cuesta, es una pérdida que también nos entristece (por mucho que deseáramos al niño y por muy mentalizados que estuviéramos sobre la cuestión)

Si además de todo, el parto ha sido instrumentalizado, no respetado, si la mujer siente que “se ha perdido algo”, o peor aún, que le han robado su momento (y el parto es un momento fundamental en la vida de una mujer), puede sentir tristeza (y también enfado, pero de ese ya hablaremos más adelante). Así, el trabajo de la doula en los momentos de tristeza es acompañar y permitir el llanto de la madre, tanto como relajar y tranquilizar a los acompañantes, explicando que es un proceso normal y que la madre lo único que necesita es un hombro sobre el que llorar y desahogarse (ideal si el hombro puede ser el de la pareja, pero si no es posible, los hombros de las amigas y amigos, de los familiares cercanos, y de la doula, tienen que estar a disposición de la madre), y tiempo para asumir las pérdidas inherentes al proceso de traer una nueva vida al mundo.

ENFADO: Esta emoción es compleja porque  en general se censura, y no es extraño que las mujeres disfracemos el enfado de tristeza, una emoción más “aceptable” en una mujer. El  enfado nos informa de que se han sobrepasado nuestros límites y nos da la energía necesaria para “atajar” la situación que ha provocado ese agotamiento de nuestra paciencia. La expresión sana del enfado es algo tremendamente necesario en esta sociedad, porque en general gestionamos el enfado o de forma agresiva (más aceptable en los hombres) o de forma pasiva (más aceptable en las mujeres), atacando o resignándonos. Aristóteles decía que enfadarse es fácil, que lo difícil era enfadarse con la persona correcta, en el momento adecuado, y con la intensidad adecuada. Tenemos que aprender mucho sobre la gestión del enfado (yo la primera, os confieso que me cuesta muchísimo expresar adecuadamente mi enfado, y trabajo cada día para conseguir el ideal aristotélico). A una puérpera le cuesta especialmente gestionar su enfado, primero por el hecho de ser mujer en una sociedad que tolera mal que las mujeres pongan límites (a sus familias, maridos, jefes, a los hombres en general…), y segundo porque el puerperio es un proceso que tiene que ver sobre todo con acoger y proteger, y biológicamente la mujer puérpera está llena de oxitocina y prolactina, hormonas “antienfado” por excelencia. La doula tendrá que estar muy atenta a los pequeños signos de enfado, para animar a la mujer a poner límites. También puede “aliarse” con la pareja de la mujer, o con algún familiar, para que ayuden a la puérpera a decir que no, a enfadarse, vamos, para entendernos, para echar a las visitas cuando ya empiecen a molestar!!!

MIEDO: Otra emoción básica que es muy frecuente en el puerperio. El miedo nos informa de que algo puede ser peligroso, nos insta a huir o a escondernos, y esa huída puede expresarse de múltiples maneras: Dejar al niño al cuidado de otros, no responsabilizarse de él, evitar cogerlo, bañarlo, etc… La doula deberá estar atenta a estos signos para “destapar” la emoción subyacente. Durante el puerperio todo es nuevo, y en general lo nuevo, lo desconocido, nos provoca miedo. Por  tanto el miedo será una emoción que tengamos que gestionar a menudo. Es fundamental que la doula ayude a la madre y a la familia en general a expresar los miedos claramente, pues muchas veces la inseguridad, el miedo al coger al niño, la tensión que nuestros cuerpos soportan en esos primeros días, se “transmiten” al bebé, que al captar que el cuerpo que le coge está tenso, lo vive como una experiencia de inseguridad, y llora porque no sabe qué está ocurriendo. Yo animo a las mamás a que expliquen a su bebé qué les “pasa por dentro”, si están asustadas, si no saben qué hacer, si se desesperan… que lo verbalicen, que lo cuenten, que se lo cuenten al pequeño. Simplemente hablando podemos darnos cuenta de que el miedo se diluye. El miedo nos paraliza sobre todo si no hablamos de él ni lo hacemos consciente, cuando lo enfrentamos, somos capaces de ponerlo en su justa medida, de darnos cuenta de que no era para tanto. Es importante informar a la madre de todas las cosas que le pueden pasar al niño y que son normales: pequeñas ronchas en la cara, quejidos durante el sueño, llantos sobre todo a última hora de la tarde, gases… y darle herramientas para mejorar esas pequeñas molestias, que se sienta capacitada para ayudar a su bebé en el tránsito del mundo uterino al mundo extrauterino.

Muy importante es que la doula gestione sus propios miedos, y pida ayuda ante situaciones que no se le hayan presentado antes o para las que no tenga respuesta. Igual que los coach emocionales necesitan de vez en cuando convertirse en coachees, la doula necesita de vez en cuando ser “douleada”.

14995171_sSORPRESA: Como el miedo, tiene que ver con lo que no conocemos, pero nos despierta curiosidad, no la reacción de huída típica del miedo, sino una reacción más bien de acercamiento. Suele ser fácil de gestionar, porque provoca una alegría interna con cada descubrimiento. Yo, tras años y años trabajando con niños, me sigo sorprendiendo de las enormes capacidades que tienen los recién nacidos, de cómo se “agarran” a la vida, de cómo son capaces de superar cosas que ningún adulto podría. Me sorprende la expresión sabia de sus ojos cuando te miran, que parece que te atraviesan, que saben lo que piensas y lo que sientes. Me sorprende su infinita necesidad de ternura y suavidad, y cómo responden cuando la reciben. Y sí, me sorprende la enorme capacidad de amor y sacrificio que tienen la mayoría de las madres. Una madre me contaba que ella se sentía culpable porque no sentía amor por su hijo. Le pedí que me lo explicara, porque para mí era evidente que ese amor existía, en cómo acariciaba a su hijo, en cómo lo miraba…. Ella me dijo que su mente sabía que el niño necesitaba eso, y que por eso se lo daba, pero no lo sentía en su corazón. Este sentimiento de extrañeza es más frecuente de lo que se pudiera imaginar, y tiene que ver con la sorpresa. Todas las madres y padres se han hecho una imagen de su hijo… que normalmente no tiene nada que ver con la imagen del niño REAL, y esa diferencia entre su hijo imaginado y el real les causa sorpresa y extrañeza. En algunas madres la extrañeza es tal que llegan a tener la idea falsa de que les han cambiado al niño, que “ese” no es su hijo o hija. Es fundamental que la doula hable de este tipo de sentimientos con los padres, incluso ANTES del nacimiento del niño, que comprendan que son sentimientos TOTALMENTE NORMALES, que conocer a su hijo es un poco como enamorarse, que se abran a las sorpresas que les trae ese pequeño ser, a las sorpresas que implican crear una familia.

ASCO: El asco nos informa de que hay algo en nuestra vida que tenemos que eliminar, que sacar fuera, que “vomitar”. En el puerperio es frecuente que ciertas cosas que antes nos gustaban, o nos eran indiferentes, empiecen a darnos asco. Muchas madres fumadoras me cuentan que durante el puerperio el humo del tabaco las hacía vomitar, igual que en el embarazo (otras habrían deseado que fuera así, para que fuera más fácil dejar de fumar!!!), o madres que adoraban un tipo de comida y en el puerperio no pueden ni probarla. Más duro es cuando nos dan “asco” algunas personas cercanas. E incluso trágico si el que nos inspira esa emoción es nuestra pareja, o incluso nuestro recién nacido. Es imprescindible que la doula ayude a la madre a expresar esta emoción, que cuando se refiere a nuestra pareja o hijo suele ser pasajera y estar en relación con algún trauma, ya sea infantil o durante el parto, a la sensación de haber sido “violada” o violentada de algún modo. Por desgracia vivimos en un país en el que la violencia obstétrica es algo que está a la orden del día, el número de mujeres que se han sentido violentadas o agredidas durante el parto sigue siendo demasiado elevado, y aunque se van abriendo iniciativas para humanizar el parto, para intervenirlo lo menos posible, para dar intimidad y voz a las mujeres, aún son tímidas y no están todo lo implantadas que sería deseable. La doula tiene que estar especialmente atenta cuando ha acompañado un parto muy intervenido, o que ha terminado en cesárea, ya que en este caso el establecimiento del vínculo con el bebé es más complejo (al igual que es más compleja la lactancia materna), y la emoción del asco en relación con el bebé, con la pareja, o con la esfera sexual en general, puede aparecer incluso meses después.

Espero que este breve repaso os haya sido útil. El mundo de la gestión emocional es complejo y mucho de lo que aquí pongo tiene que ver con mi opinión y mi experiencia personal, animo a todas las doulas (realmente yo animo a todas las personas, pero especialmente a aquellas que trabajan con otras personas, y aún más a los que son padres y madres o desean serlo) a formarse en gestión emocional y a encontrar su propio camino.

Nuevo Año, propósitos y coaching emocional. FELIZ 2013!!!!!!!!!!

Resumen: El primer día del año es habitual tomar conciencia del tiempo que pasa y hacerse propósitos y planes para un nuevo año. Hay una aguda idea de Nietzsche: el hombre es el animal que puede prometer. Para hacer bien eso, para conseguir de verdad tus metas este año, haz un coaching emocional, o mejor, búscate un coach emocional. Va a estar pendiente de que tus objetivos salgan de tus tripas, sean de verdad tuyos, de tu realidad personal.

 Hoy es 1 de enero de 2013 y voy a romper una regla implícita que he mantenido desde que OLYMPUS DIGITAL CAMERAcomencé este blog en septiembre 2012. La regla es no dar consejos.

Primero voy a explicar esa regla implícita (que pienso seguir manteniendo después de hoy). Los consejos me parecen inútiles. Consigues que alguien haga algo, pero no le va a servir de verdad hasta que no esté convencido por sí mismo. Sí, sé que somos un animal social y que la autoridad por ello tiene un peso. Pero ese peso es para lo social, o si se quiere lo societario. Somos sobre todo personas con un corazoncito y hasta que las cosas no surgen de ese corazón, no las hacemos realmente nuestras, ni adquieren peso real en nuestra vida… ni en lo que decimos a los demás. Hacemos y decimos muchas cosas sin peso.

Así que soy de la convicción acendrada de que cada uno debe llegar a sus propias conclusiones y actuar de acuerdo con ellos. Por ello me gustó y convención tanto Carl Rogers cuando me metí a fondo en su idea de la terapia no directiva. En realidad no una terapia en el sentido clásico, sino un diálogo en el que lo que antes se consideraba un paciente, y otras líneas lo consideran un cliente, se transforma en una persona que va sacando sus propias conclusiones. Lo terapéutico, lo que sana la vida de las personas es precisamente actuar de acuerdo con las propias reales conclusiones, extraídas de un diálogo real.

cruce-de-caminos-1Y… ¿qué me ha llevado a querer cambiar una regla tan bien fundamentada? Este día de año nuevo es general tomar conciencia del tiempo que pasa y hacerse propósitos y planes para un nuevo año que se nos presenta delante. Es un día en que aflora algo así como la idea de: voy a aprovechar el tiempo, voy a hacer algo productivo con mi vida. Todas estas ideas implican que vemos como posible. Es decir, en este año 2013 podemos perder el tiempo, y también no hacer cosas productivas con nuestra vida.

Estos pensamientos me han traído a la cabeza una aguda, como tantas suyas, idea de caminoNietzsche: el hombre es el animal que puede prometer. Prometer significa hacerse cargo del tiempo. Por lo tanto lo que Nietzsche afirma es que el hombre es el animal que se hace cargo del tiempo, el único que vive con una noción del tiempo, y una noción del tiempo con responsabilidad: somos responsables del tiempo, de nuestro tiempo. Esto es algo propio de los seres humanos.

Juntando la idea de los propósitos de comienzo de año y la idea de responder de nuestro tiempo es como se me ha venido a la cabeza la idea de dar un consejo. Para hacer bien eso, para conseguir de verdad tus metas este año, haz un coaching emocional, o mejor, búscate un coach emocional.

mar-21Porqué emocional: porque va a ser no directivo, es decir va a procurar en todo momento que sean tus propias y personales metas, va a estar pendiente de que tus objetivos salgan de tus tripas, estén arraigados en tu vida. Esas son de verdad metas reales. Las demás pueden ser interesantes, pero si no están en tus tripas, no están enraizadas en tus emociones y sentimientos personales, a lo sumo serán ocurrencias, ideas que se lleva el viento, que se llevará el viento. Por el contrario, el coach sabrá que la meta surge de verdad de tus tripas porque te producirá alegría de fondo, te proporcionará felicidad.

Así que reitero mi consejo: en este año 2013 busca un coach emocional que te ayude a conseguir tus metas personales.

Fotografía: “Crossroads” (C) by http://www.martin-liebermann.de

 

Fin de año, nochevieja… el paso del tiempo y las emociones

Resumen: Fin de año es la celebración universal del paso de tiempo. El tiempo es importante para el hombre porque es limitado y nuestra vida se juega en él. Los sentimientos de fin de año son alegría por lo vivido, por lo logrado y disfrutado.O tristeza cuando sentimos que hemos perdido en ese tiempo vivido. Miedo, en su versión de preocupación, que es la emoción que mide los peligros del tiempo. No genera enfado. Nochevieja, celébranos el tiempo, celebramos la vida

 

Estamos a pocas horas de esa celebración universal del paso de tiempo que es fin reloj-de-solde año. Empieza por ser algo convencional, es la civilización occidental la que ha puesto el fin de año en esta fecha, mientras otras culturas, como la china o la musulmana, lo tienen en otros momentos… En su fondo lo que todas las culturas celebran es el tiempo, el paso del tiempo. El tiempo que ha pasado y el tiempo que va a venir.

El tiempo es importante para el hombre porque es limitado. Los griegos tenían una gran razón al considerar que el rasgo que distingue a los humanos es que son mortales. Igualmente las emociones tienen sentido en un tiempo limitado, y la celebración del tiempo también.

El miedo tiene sentido porque al final en el fondo, está en juego nuestra supervivencia, es decir nuestra vida, nuestro tiempo limitado. Si fuésemos inmortales… ¿a qué miedo podríamos sentir miedo? Las preocupaciones desaparecerían. La alegría por conseguir algo también quedaría diluida en un espacio infinito. Siendo inmortal pierde sentido hasta el comer, si no te vas a morir comas o no, ¿para qué comes? El comer no tiene que ver contigo.

La epopeya de enamoramiento adolescente que es la saga Crepúsculo, donde la heroína mortal, se enamora de un vampiro inmortal, tiene sentido en un tiempo limitado, esa es la contradicción del argumento. En un tiempo ilimitado, aún una emoción tan intensa como el enamoramiento se diluye. El enamoramiento tiene una fuerza en nuestra vida porque la compromete y no podemos volver a vivirla. Vamos a poner un límite: puede llegar a comprometer hasta 50 años en una pareja muy longeva, pero sin llegar a eso, vamos a poner un tiempo pequeño, que es el que mucha gente dice que los efectos de un enamoramiento intensreloj-de-arena2o, el de las mariposas en el estómago: 5 años. Bueno, pues aunque sean solo 5 años, esos 5 años no vuelven, y además nos cambian y cuando terminan somos otro, nuestra vida ha tomado un giro diferente, ya no es la misma. Para el vampiro que tiene años ilimitados 5 años no tienen interés, en 5000 años 5 no aportan nada, y él tiene muchos más a disposición, luego no se juega nada, tendrá otro ilimitado número de oportunidades de enamorarse… pero en tal caso ya enamorarse no aporta a la vida ese sentido de novedad, de radicalidad que aporta el enamoramiento de un mortal, de alguien que se juega el tiempo de su vida con ello.

Luego en el fin de año celebramos el tiempo concreto que nos ha tocado vivir, el que tenemos que no es ni puede ser otro, como le sucedería al vampiro inmortal que siempre va a pensar que hay más oportunidades y más, y más,  hasta hacer que los de este momento concreto se diluya, porque no le implica en serio, no se juega su tiempo, su vida. Porque el enamoramiento es eso, jugarse la vida, encontrar algo por lo que apostar la vida, esa mortal, limitada que tenemos.

Y los sentimientos concretos de nuestro fin de año son predominantemente alegría por lo vivido, por lo logrado y disfrutado en el tiempo que ya ha pasado y porque tenemos nuevo tiempo a disposición… o tristeza cuando sentimos que hemos perdido en ese tiempo vivido, que no estamos ni donde ni con quien queremos estar, que nuestra apuesta por el tiempo genera pérdidas. Alegría o tristeza.

También miedo, es su versión de preocupación, que es la emoción que mide los peligros del tiempo por venir. Estas preocupaciones pueden ser muchas, pero se refieren a un tiempo imaginado, futuro, previsto, no tanto al tiempo real. Por ello el miedo, la preocupación, no es el sentimiento predominante en el fin de año que celebra el tiempo real transcurrido y la nueva oportunidad al estar vivo ante un nuevo tiempo.

El fin de año no genera enfado, porque, esto es algo curioso, sabemos que es nuestro tiempo y enfadarnos porque no estamos de acuerdo con el tiempo que nos ha tocado vivir. Esto es raro, porque normalmente no consideramos el tiempo propiedad nuestra, un derecho sobre el que ejercer nuestra capacidad de decisión, consideramos que es lo que nos toca, y si nos toca vivir como ahora en España, una crisis, pues ese es nuestro tiempo… no sentimos que esté en nuestro poder cambiarlo, por eso el enfado no aparece, si podría aparecer otros sentimientos: el ya indicado de la preocupación, frustración por no estar donde nos gustaría estar, y sobre todo desesperanza, hermana de la tristeza y que indica precisamente que no le vemos salida al tiempo.

La alegría genera ilusión, que es alegría en el tiempo, la ilusión nos abre el futuro, la desesperanza implica que ese tiempo se ha cerrado. Para nuestro vampiro inmortal con un tiempo infinito a disposición, todos estos sentimientos se desvanecen, pierden su consistencia.relojes

Fin de año, alegría de que hemos vivido, de que seguimos viviendo, de que seguimos viviendo, que podemos seguir vivos. Esta es al final la gran esperanza a la que el ser humano se agarra, está vivo y de algún modo eso le hace intuir que puede cambiar el futuro, la vida se abre espacio contra la tristeza.

Nochevieja, celebramos el tiempo, celebramos la vida.