La intensidad y la gestión de la emoción

Cuando nos acercamos a una emoción hay 3 dimensiones que se pueden distinguir fácilmente: energía, agrado-desagrado, agresión-igualdad-sumisión. Estas 3 dimensiones nos permiten una clasificación de las emociones.

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El patrón emocional es un paquete.

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En la Educación Emocional se habla constantemente de emoción, de sentimiento, de gestionar la emoción, etc. Y se corre el riesgo de olvidar un dato importante: la emoción no es un elemento aislado ya que en la interioridad psíquica se da siempre como un patrón emocional. En esto sigo a Leslie Greenberg y su Terapia Focalizada en las Emociones y a su experiencia de toda una vida de trabajo emocional.

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Focalizar la emoción en 6 sencillos pasos

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Esta es la habilidad básica necesaria para una adecuada gestión emocional individual. destreza que todo docente del siglo XXI debe poseer.

Esta es también la herramienta central para el coaching emocional

Está basada en Leslie Greenberg (Terapia Focalizada en la Emoción) y en Eugene T. Gendlin (Focusing) y es el modo de acceder a la emoción para utilizarla como guía, tanto para fijar un objetivo al alumno como para fomentar su motivación.

151207 Focalizar la emoción en 6 sencillos pasos

La primera entrevista de la tutoría con adolescentes

coaching escolar

Se trata de una entrevista elaborada con las aportación de Javier Ortigosa, con seguridad el mayor especialista en Carl Rogers en España y con mi experiencia de muchos años utilizando la sencilla idea de los 3 pilares.

Me parece que puede ser de mucha utilidad práctica. Esta recomendada para alumnos ya entrados en la adolescencia, la madurez del alumno coopera a la eficacia de esta. El tutor debe valorar si el alumno es muy joven y su capacidad de hacerse cargo de las preguntas.

150914 ENTREVISTA DE ENCUADRE DEL ALUMNO

La AUTENTICIDAD en la relación docente

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La autenticidad es una de las 3 actitudes que Carl Rogers establece como condiciones necesarias y suficientes para establecer una relación saludable. Las otros 2 son empatía y aceptación positiva.

Se podría sintetizar como la capacidad de ser uno mismo en la relación, sin máscaras. Rogers lo expresa así: «He descubierto que cuanto más auténtico puedo ser en la relación, más útil me resulta esta última. Esto significa que tengo que tener presentes mis propios sentimientos y no ofrecer una fachada externa, adoptando una actitud distinta de la que surge del nivel más profundo o inconsciente. Ser auténtico implica también la voluntad de ser y expresar, a través de mis palabras y mi conducta, los diversos sentimientos y actitudes que existen en mí. […] Sólo mostrándome tal como soy puedo lograr que la otra persona busque con éxito su propia autenticidad». (Rogers, C., El proceso de convertirse en persona, Paidós, Barcelona, 1987, p. 41).

Como se puede entender fácilmente esta condición se refiere a la persona que en principio es la autoridad de la relación: el docente, el coach, incluso el terapeuta o psicólogo, y digo en principio, porque es precisamente la autenticidad la condición que permite hablar de una relación de iguales. Objetivo que Carl Rogers persiguió para la relación terapéutica durante sus 30 años de relación con Martin Buber. Es precisamente la autenticidad la actitud que introduce a la persona del docente en la relación y le introduce como la persona que realmente es con sus fallos y sus aciertos, con sus sentimientos, sus enfados y sus miedos. Fijémonos bien, solo de este modo la relación es una relación verdaderamente sana.

Rogers llegó a afirmar que la autenticidad era la más fundamental de las tres actitudes. Según él, no significa tener que expresar todos nuestros sentimientos a la otra persona. No es una opción por la total claridad, algo que en la realidad entre personas resulta ingenuo. Lo que significa es que el docente o el coach no se niega a sí mismo ninguno de los sentimientos que está experimentando y que está dispuesto a aceptar cualquier sentimiento persistente que exista en la relación y dejar que éstos sean conocidos por el alumno. Significa evitar la tentación de presentar un rol o esconderse tras una máscara de profesionalismo.

La autenticidad evita que la empatía se convierta solo en un espejo, un reflejo frío de lo que le pasa a la otra persona. Esto se situaría muy lejos de la actitud necesaria para el docente o el coach, porque le pondría como un observador de la situación y un observador objetiviza y diagnostica (estaríamos en la relación YO – ELLO de Martin Buber). La actitud que se busca se sitúa precisamente en las antípodas de esa, el docente-coach debe trabajar en el marco de referencia de su alumno, debe de algún modo ser otro yo con él, no tomar distancia. En este punto estaría la clave de las actitudes del enfoque que defendemos aquí.

La autenticidad tiene dos caras: una interna y otra externa. La interna hace referencia al grado en el que el docente se muestra receptivo, a su propia experiencia interna. Este lado se llama “congruencia”. Se trata de qué el docente sepa realmente lo que le sucede por dentro. Por decirlo de un modo coloquial: que esté conectado con sus tripas.

La cara externa hace referencia a la comunicación verbal explícita del docente-coach de sus percepciones conscientes, actitudes y sus sentimientos. Este aspecto se denomina “transparencia” o “autorrevelación”. Un docente congruente puede ser muy transparente o mínimamente transparente, ya que la transparencia, como hemos dicho ya, tiene grados; un docente transparente puede ser congruente, o no. En este caso se convertiría un docente “peligroso”, porque no conoce su propia experiencia interna y eso va a repercutir en su relación con sus alumnos generando problemas de comunicación.

Luego el docente necesariamente debe ser congruente y conocerse a si mismo y también debe ser transparente, pero debo graduar esta transparencia en bien del alumno: ni es necesario decirlo todo, ni tampoco es oportuno no comunicar nada de la propia experiencia, esto eliminaría la autenticidad de la relación.

Una última idea, es la autenticidad la que permite el docente introducir los límites en la relación, limites que por tanto van a ser auténticos, porque se encuentras basados en sus limitaciones como persona humana, tanto a nivel personal como profesional.

El silencio (interno) para la escucha

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En la escucha, si queremos atender también a las emociones, el silencio ocupa una posición destacada. El silencio es una herramienta importante en la gestión emocional y quiero destacar su importancia. Desde luego el silencio es una incisiva herramienta de comunicación.

En primer lugar si estamos muy activados, tanto sea emocionalmente porque hay acontecimientos que nos están afectando o porque estamos inmersos en una dinámica de prisa, por ejemplo debido al trabajo, es casi imposible escuchar.

En segundo lugar porque el procesamiento emocional es más lento que el racional, se necesita pausa para darse cuenta de qué es lo que estamos sintiendo. Por eso hacemos silencios cuando hablamos conectados con nosotros mismos, si ese silencio se interrumpe el proceso y nuestra atención se va hacia la interrupción. Es decir la otra persona necesita que no la interrumpamos cuando está elaborando sus emociones.

Hay un tercer elemento: Normalmente estamos educados a intervenir, nos parece casi un elemento de educación acudir en auxilio de alguien que parece haberse quedado sin palabras. Nos ponemos nerviosos ante el silencio. Hay que conocerse y trabajarse esos nervios, esa intranquilidad para dejar su espacio a los demás, que no se sientan urgidos a contestar, que puedan tomarse su tiempo para contestar. Esto solo redundará en que la conversación se hará más profunda.

Por eso desde el punto de vista práctico me atrevo a dar 3 indicaciones para hacer el silencio dentro de nosotros y poder escuchar a otra persona:

  1. Antes de comenzar una conversación en la que queremos escuchar de verdad, dedicar un momento de tiempo a relajarnos, a parar nuestra propia actividad, tanto interna como externa, como una pequeña cámara de descompresión emocional. Normalmente basta con tomar unas cuantas respiraciones tomando conciencia de la respiración.
  2. Dejar hablar… no anticiparnos y poner nuestras palabras. En este caso nuestros pensamientos se anticipan al otro y no escuchamos. Sencillamente no estar pendiente de contestar, de rebuscar en nuestra cabeza la respuesta o el consejo. La escucha es el momento del otro, no de nuestros consejos, ni de nuestras ideas, ya llegará ese momento si es necesario.
  3. Esperar, aguantar el silencio, cuando la persona no contesta inmediatamente, otorgar un tiempo de silencio reprimiendo la propia necesidad de una respuesta. El silencio pone ante la necesidad de contestar. Es necesario entrenar este punto.